Mortero soviético de 120 mm en Viena, Austria, 1945
Soldados soviéticos entrando en la ciudad de Viena, como indica el letrero provisional en cirílico
Viena, Austria. Abril de 1945.
Un grupo de asalto soviético.
El soldado de la izquierda lleva un poncho camuflado húngaro. El camuflaje es el tipo M1938 de bordes duros (1938 M háromszínü sátorlap-esögallér). Shapka ushanka y una pequeña bolsa – mochila "Veshmeshok" a sus espaldas.
El soldado del centro lleva una Telogreika y una gorra como el anterior, pala de combate alemana (Schanzzeug), el porta mapas de cuero M41 es soviético
Oficiales de la Wehrmacht ejecutados por la Gestapo y los hombres de las SS en un suburbio de Viena. En los cuerpos de los ahorcados hay carteles con la inscripción "amontoné con los bolcheviques". En primer plano está el cuerpo del Mayor Karl Biedermann, un oficial de la Dirección del Distrito Militar 17 en Viena. Entró en un grupo de oficiales bajo el liderazgo del Mayor Karl Sokoll, que intentó evitar la lucha por Viena y evitar la destrucción de la ciudad. Los conspiradores establecieron contacto con el comando soviético y planearon abrir el corredor para que los rusos capturaran rápidamente la ciudad (el nombre en clave del complot era Operación Radetzky). Las SS descubrieron la conspiración, y Karl Biederman y otros dos oficiales (Hauptmann Alfred Hoot y el Oberleutenant Rudolf Raschke) fueron arrestados y ahorcados por el veredicto de un tribunal militar el 8.04.1945 de abril de XNUMX
Soldados soviéticos peleando entre las ruinas de los edificios
Soldados soviéticos en la ciudad de Schwechat en un suburbio de Viena
El cálculo del obús M-122 de 30 mm dispara al enemigo en una de las calles de Viena
Desfile de tropas soviéticas por Viena en 1945, cuando la ciudad ya había sido tomada
Tanques rusos Sherman «Firefly» de origen estadounidense penetrando en una calle de Viena
Viena se convirtió desde 1945 en uno de los objetivos prioritarios de la Unión Soviética para poner en marcha su plan hegemónico de influencia sobre Europa Central. A pesar de que la capital de Austria había sida adjudicada como una zona de ocupación dentro de la órbita de los Aliados Occidentales, serían las divisiones del Ejército Rojo las primeras en entrar en la ciudad, entablando una sangrienta lucha callejera que sería recordada como la Batalla de Viena.
Concluida la ofensiva sobre Viena, el Ejército Rojo no solo obtuvo una nueva victoria contra el Eje, sino que en esta ocasión la consiguió sufriendo muchas menos bajas que el Ejército Alemán. Al éxito moral de este triunfo, hubo que añadir que la Unión Soviética aseguró su flanco meridional en Centroeuropa, por lo que Iósif Stalin pudo desde ese instante desviar sus miras contra la otra capital del Tercer Reich, la ciudad Berlín, que sería conquistada el 8 de Mayo de 1945 con el consiguiente final de la Segunda Guerra Mundial en el «Viejo Continente». El Eje sufrió unas 66.000 bajas entre 19.000 muertos y 47.000 prisioneros. La Unión Soviética y Bulgaria sufrieron unas 40.000 bajas entre 18.000 muertos y 20.000 heridos.
A diferencia del resto de países de la Europa del Este invadidos por el Ejército Rojo como Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Yugoslavia, Albania, Estonia, Letonia, Lituania y Alemania Oriental, la Unión Soviética no incluyó a Austria dentro del bloque socialista y retiró a sus divisiones del país para dar paso a las fuerzas militares de Estados Unidos. Aquella victoria soviética «a cambio de nada», salvó a Austria de caer bajo el flujo del comunismo y obtener una independencia absoluta segregada de Alemania y sin tener que rendir cuentas con la URSS, algo que sin duda convirtió a la pequeña nación germánica en uno de los estados más avanzados de Europa.
Se conoce con el nombre de Ofensiva de Viena a la operación militar que, a finales de la Segunda Guerra Mundial, llevó a cabo el Ejército Rojo contra la Wehrmacht alemana en Viena y sus alrededores desde el día 3 al 23 de abril de 1945. Dentro de la ciudad, la batalla duró desde el 6 hasta el 13 de abril.
Viena se convirtió desde 1945 en uno de los objetivos prioritarios de la Unión Soviética para poner en marcha su plan hegemónico de influencia sobre Europa Central. A pesar de que la capital de Austria había sida adjudicada como una zona de ocupación dentro de la órbita de los Aliados Occidentales, serían las divisiones del Ejército Rojo las primeras en entrar en la ciudad, entablando una sangrienta lucha callejera que sería recordada como la Batalla de Viena.
Posteriormente el Ejército soviético, junto con franceses, estadounidenses e ingleses, la ocuparían durante los 10 años posteriores bajo un sistema de ocupación cuatripartita en la ciudad, similar al de Berlín.
Oficialmente la invasión de la Unión Soviética a Austria comenzó el 30 de Mayo de 1945 cuando el Ejército Rojo cruzó la frontera desde Hungría en dos alas a través del Río Hron y el Río Nitra. En cuanto en Berlín supieron acerca de la noticia, Adolf Hitler ordenó defender su país natal a toda costa, denegando por ello la petición de declarar a Viena con el estatus de “ciudad abierta” y aprobando en su lugar la situación de “estado de sitio”.
Con sorprendente velocidad el III Frente Ucraniano avanzó desde la frontera de Hungría hacia el interior de Austria sin encontrar apenas oposición el 3 de abril ya habían conquistado varias ciudades.
Bajo un devastador bombardeo de artillería preliminar y e incursiones de la Fuerza Aérea Soviética, el Ejército Rojo inició el ataque a Viena el 5 de Abril de 1945. La arremetida fue descomunal porque las líneas de vanguardia de las tropas alemanas colapsaron a la primera embestida, lo que permitió a los soldados rusos capturar a un buen puñado de defensores y apoderarse en cuestión de horas del Barrio de Modling.
Hasta el 6 de Abril el progreso de las tropas soviéticas fue fácil dentro de Viena, por lo menos hasta que los defensores alemanes y austríacos pararon en seco al Ejército Rojo. Así sucedió en el Paseo Prater porque centenares de rusos cayeron acribillados por la 6ª División Panzer, como también ocurrió en los distritos del sur cuando los IV y IX Ejércitos de Guardias Soviéticos fueron repelidos con infinidad de bajas a manos de los soldados de élite de las 2ª y 3ª Divisiones SS Panzer “Das Reich” y “Totenkopf”. Ni siquiera los invasores fueron rivales para los niños de las Juventudes Hitlerianas o los ancianos de la Milicia Popular “Volkssturm” que sufrieron numerosos muertos y heridos.
A partir del 7 de Abril, la suerte cambió para el Ejército Rojo porque el III Frente Ucraniano rompió las defensas austro-alemanas y penetró en los barrios surorientales de la capital.
Con Viena cortada en dos mitades desde el 10 de Abril, el III Frente Ucraniano y el I Ejército Búlgaro se concentraron en asegurar los alrededores de la capital a sabiendas que desde la frontera occidental el Ejército Estadounidense y en menor medida unidades del Ejército británico habían comenzado a invadir Austria.
Concluida la ofensiva sobre Viena, el Ejército Rojo no solo obtuvo una nueva victoria contra el Eje, sino que en esta ocasión la consiguió sufriendo muchas menos bajas que el Ejército alemán. Al éxito moral de este triunfo, hubo que añadir que la Unión Soviética aseguró su flanco meridional en Centroeuropa, por lo que Iósif Stalin pudo desde ese instante desviar sus miras contra la otra capital del Tercer Reich, la ciudad Berlín, que sería conquistada el 8 de Mayo de 1945 con el consiguiente final de la Segunda Guerra Mundial en el Viejo Continente.
FUENTES:
https://www.facebook.com/photo/?fbid=278874627578038&set=a.131347705664065
(Vientos de Guerra: Segunda Guerra Mundial)
Pedro Pablo Romero Soriano PS















