En 1940 la fábrica Citroën quedó en la zona de ocupación alemana y los alemanes tomaron el control. El director Pierre Jules Boulanger se vio obligado a satisfacer los pedidos de los invasores, concentrar todos los recursos de la empresa en la producción de los camiones T45 y T50. Pierre era un viejo zorro y se mostró muy servicial, pero tenía un plan para sabotear toda la producción. Su primer paso fue ralentizar los tiempos de fabricación, manipulando los libros con los datos históricos de entrega de unidades. El segundo era más sofisticado, debía esconder una falla que inutilizara los camiones, pero después de varios días de uso. Primero intentó colocar un pequeño caño desde el carburador para derivar combustible hasta el cárter del aceite.
Este método arruinaba las propiedades del lubricante pero era muy arriesgado ya que cualquier alemán con mínimos conocimientos de mecánica descubriría la trampa y terminarían todos fusilados. Sin embargo, no se rindió y encontró una manera mas simple de sabotear sus camiones. Ordenó que en las varillas del medidor de aceite, la marca del máximo se hiciera más abajo, mucho más abajo que donde correspondía. Los camiones salían de fábrica con menos de la mitad del lubricante necesario. Francia se convirtió en un cementerio de camiones Citroën que fallaban sin llegar a los 500 kilómetros de uso. Alemania inició una investigación, pero el sabotaje era tan sutil que la invasión aliada los pilló sin haberlo descubierto. Pierre Jules Boulanger murió en 1950 en un accidente a bordo de un Citroën Traction Avant.
FUENTE:
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