El US6 no era lindo. Era una caja cuadrada con ruedas. Pero tenía algo que ningún camión ruso tenía: no se rompía. Los mecánicos rusos decían que lo podías arreglar con un martillo, un destornillador y puteadas. Era sensible pero duro como sándwich de hormigón.
Motor: Hercules JXD, 6 cilindros en línea, 5.2 litros, 86 caballos. 86 caballos para 2 toneladas y media. Parece poco. Pero era un motor de baja compresión, 5.6 a 1. ¿Qué significa eso? Que andaba con cualquier cosa: nafta de 60 octanos, nafta mezclada con kerosene, alcohol, hasta bencina robada a los alemanes. No pistoneaba nunca.
No tenía nada eléctrico que se pueda romper. Sin computadora, obvio, pero tampoco tenía avance a vacío, ni bomba eléctrica, ni nada. Carburador Carter, platino y condensador. Si fallaba, lo limpiabas con una lija y seguía. Un soldado podía desarmar el carburador en el barro, con las manos congeladas.
La caja: 5 velocidades Warner T-93, con primera de fuerza. Y reductora de 2 velocidades. En total 10 marchas hacia adelante. Podías subir una pared con 3 toneladas arriba. La primera era tan corta que el camión caminaba a 3 km/h a fondo, pero subía cualquier cosa.
Tracción 6x6 real, no como los de ahora. Tres diferenciales, con bloqueo. Podías ir en 6x2 para ahorrar nafta, o meter la doble y la baja y era un tractor. Los rusos lo probaron en el rasputitsa, el barro de otoño ruso donde te hundís hasta la rodilla. El ZIS ruso se quedaba. El Studer pasaba.
¿Por qué pasaba? Porque tenía ruedas simples atrás, no duales. Y cubiertas 7.50x20 con dibujo militar. Menos superficie, más presión por cm2, se clava hasta el piso firme. Y despeje: 27 centímetros libres. Más que una Hilux actual.
El chasis: largueros rectos, sin curvas. Acero al manganeso, remachado, no soldado. Si se partía, que era raro, lo soldabas con cualquier soldadora de campaña. Los chasis rusos, soldados, se partían y no los arreglabas más. El americano se doblaba, lo enderezabas con un árbol y un malacate y seguía.
Sobrecarga: estaba diseñado para 2.5 toneladas. Los rusos le cargaban 5, 6 toneladas. Hasta 8 con el Katyusha y los cohetes. Y no se partía. El elástico era de 12 hojas atrás, ballesta invertida. Cuando lo cargabas, se ponía plano y seguía. Un informe americano dice que un US6 en Irán llevó 10 toneladas de trigo durante 400 km sin romper nada.
El winch: adelante tenía un malacate Gar Wood de 4.5 toneladas, que movía con la toma de fuerza. Podía sacarse a sí mismo y a otro camión. Era lento, pero no se cortaba el cable nunca. Los alemanes no tenían nada parecido en sus Opel Blitz.
Agua: el US6 nadaba. No literal, pero casi. Tenía el distribuidor alto, la bobina alta, el filtro de aire con snorkel casero, y todo sellado con grasa. Podía vadear 75 cm de agua de fábrica, y con una lona en la trompa, 1 metro. Los rusos cruzaban ríos con el agua hasta el capot y el motor seguía andando porque no le entraba agua al distribuidor.
Frío: arrancaba a -40. Tenía tapa de radiador con persiana que cerrabas desde la cabina, para que no entre aire frío. Y tenía un calentador de admisión a nafta. Le tirabas nafta al múltiple, lo prendías, y calentaba el motor antes de arrancar. A -40 en Siberia, eso era la diferencia entre vivir y morir.
Cabina: de chapa simple, sin calefacción al principio, después con calefacción básica. Pero toda la cabina se desmontaba en 4 bulones. Si volcabas, sacabas la cabina, la enderezabas a martillazos y la volvías a poner. No tenía nada que se rompa adentro. Asiento de lona, parabrisas rebatible. Si se rompía el vidrio, seguías sin vidrio.
Repuestos: todo era intercambiable. Un guardabarros delantero era igual al trasero. Las 6 ruedas eran iguales, podías rotar cualquiera. El filtro de aceite era de malla metálica, no de papel. Lo sacabas, lo lavabas con nafta y lo volvías a poner. Nunca necesitabas filtro nuevo.
Eléctrico de 6 voltios, simple. Dos baterías de 6 en serie si hacía frío. Si se quedaba sin batería, arrancaba a manija. Tenía manija. Un camión de 4 toneladas que podías arrancar a manija. Probá hacer eso con un camión actual.
Frenos hidráulicos con ayuda de vacío, pero si se quedaba sin líquido, tenías freno de mano a varilla que frenaba la transmisión. No era bueno, pero te paraba. Los rusos aprendieron a frenar con la caja y el freno de mano, porque el hidráulico se congelaba a -30.
Consumo: 30 litros cada 100 km cargado. Un disparate hoy. Pero en la guerra no importaba. Lo que importaba era que andaba. Un Opel Blitz alemán con el mismo consumo se quedaba sin bomba de nafta a los 10.000 km. El Studer hacía 100.000 sin abrir el motor.
El motor tenía cojinetes de babbitt, no de metal antifricción moderno. Si se fundía un cojinete, lo sacabas, lo rellenabas con estaño derretido en una fogata, lo limabas a mano y seguía 5.000 km más. Los mecánicos rusos hacían eso en el frente.
No tenía filtro de aire de papel. Tenía filtro de baño de aceite. El aire pasaba por aceite y dejaba la tierra ahí. Lo sacabas, tirabas el aceite sucio, ponías aceite nuevo y listo. En el desierto de polvo ruso, un filtro de papel se tapaba en un día. El de aceite no se tapaba nunca.
Por eso los rusos lo amaron. No era rápido, no era cómodo, no era moderno. Era un tractor que parecía camión. Lo cargabas hasta que las gomas quedaran chatas, lo metías en un río, lo sacabas, le pegabas con un martillo al distribuidor y arrancaba.
Un arma maravillosa no es la que dispara más lejos. Es la que cuando todo lo demás se rompe, esa mierda sigue andando. Y el Studer siguió andando 80 años.
El Studebaker US6: Lo maravilloso está en lo simple.
FUENTE:
Soldados de la Segunda Guerra Mundial
Ale Fleit
Pedro Pablo Romero Soriano PS



