Los cráneos de japoneses mutilados eran, sin duda, los trofeos de guerra predilectos. La práctica fue tan extendida que, según cuentan los registros históricos, 60% de los soldados nipones, muertos en las Islas Marianas, fueron despojados de sus cráneos. La manera en la que las tropas americanas las extraían eran horripilantes. Una vez que les desprendían la cabeza, quitaban la carne de la estructura ósea con técnicas difíciles de describir sin sentir escalofríos. Sin importar qué, posaban orgullosos sosteniendo las calaveras de los enemigos, llegando incluso a regalarlas a allegados y familiares.
Los medios de comunicación no se quedaron atrás con la promoción de la deshumanización japonesa, refiriéndose a ellos abiertamente como “parásitos amarillos” o “ratas”. Y no solo esto, en medios impresos como Life Magazine, publicaban historias y caricaturas sobre soldados que regalaban cráneos de japoneses mutilados a sus novias, como muestra de amor, en aras de buscarle el lado ‘rosa’ a estos trofeos de guerra. En contrapeso, la prensa japonesa acusaba a los norteamericanos de ser “primitivos, racistas e inhumanos”.
Y ciertamente, según analizan algunos historiadores, puede que el ataque de Pearl Harbor agudizase esta aversión hacia los japoneses. Pero el racismo, aquella ideología con la que el nazismo encendió la Segunda Guerra Mundial, fue la causa máxima para que se cometieran atrocidades dirigidas exclusivamente a esta etnia.
¿Qué ocurrió después? El miedo a que el Imperio Japonés repitiese los mismos actos con las tropas americanas abocó al gobierno de los Estados Unidos a condenar estos hechos. Llegando incluso a amenazar con la pena de muerte a quienes usaran los cráneos de japoneses mutilados como trofeos de guerra, repatriar los restos, sin que esto surtiera mayor efecto, porque dicha ‘tradición’ se mantuvo activamente hasta la guerra de Vietnam.
FUENTES:
La 2da. Guerra Mundial -1939/1945
Pedro Pablo Romero Soriano PS
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