La ofensiva del Lago Balatón (Hungría)

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Tropas Waffen SS (posiblemente la 3ª Division Panzer "Totenkopf") descansan durante una de las fases de la Operación "Konrad" cerca de la ciudad húngara de Szomor (al oeste de Budapest), alrededor del 20 de enero de 1945



La noche del 6 de marzo de 1945, el Heeresgruppe Süd del General der Infanterie Otto Wöhler inició una poderosa contraofensiva en el sector meridional del frente oriental con vistas a disponer de una sólida protección de su flanco septentrional.
La operación, denominada Frühlingserwachen (Despertar de primavera), cuyo objetivo era lanzar una ofensiva en Hungría para proteger a Austria y a las regiones meridionales de Alemania, además de apoderarse de las reservas de combustible y los campos petrolíferos que habían caído en manos de los soviéticos. Para este cometido, los alemanes contaban con numerosas fuerzas blindadas de refresco del VI Ejército Panzer SS, el I Cuerpo de Ejército SS, el VI Ejército y el II Cuerpo de Ejército Panzer, además del III Ejército y el VIII Ejército de caballería húngaro.
El plan de Hitler exigía que el 6º Ejército Panzer atacara entre los lagos Gárdony y Balatón, pasando por la localidad de Székesfehérvár, con ello se detendría el avance el 3º Frente Ucraniano del Mariscal Fiodor I. Tolbujin, tras lo cual éste frente sería dividido en dos y destruido, inmediatamente las fuerzas alemanas alcanzarían el río Danubio, girarían hacia el norte para enfrentarse al 2º Frente Ucraniano del Mariscal Rodión Malinovsky, que acababa de capturar Budapest el 15 de febrero, y recuperaría la capital húngara para el III Reich. Una vez eliminados los dos Frentes Soviéticos, el 6º Ejército Panzer establecería como corolario final una cabeza de puente al este del río Danubio y se dirigiría a Berlín para ayudar a expulsar al 1.º Frente Bielorruso del Mariscal Gueorgui Zhukov, que estaba a menos de 60 km de la capital alemana.
En las primeras horas de la ofensiva, el Grupo de Ejércitos del Generaloberst Alexander Löhr apoyó el ataque asaltando las posiciones del I Ejercito búlgaro y las del III Ejército yugoslavo de Donji Miholjac, cerca de Valpovo. Mientras en el sector central, solo el I Cuerpo de Ejército Panzer SS se hallaba dispuesto para emprender el avance al oeste del Canal Sárviz. El II Cuerpo, sin embargo, se vió obligado a aplazar por dos veces su ataque hasta la mañana siguiente.
El 6 de marzo los alemanes iniciaron su avance con escasas reservas de combustible y por un terreno inundado por las lluvias, lo que hizo difícil su avance inicial, aunque finalmente lograron una buena actuación ante las tropas soviéticas de vanguardia, penetrando en las líneas soviéticas al suroeste de Székesfehérvár. Pese al inicial éxito en el avance alemán, éste fue rápidamente detenido por los soviéticos apenas al segundo día; no obstante que el panorama del combate lucía poco prometedor para la Wehrmacht, Hitler ordenó personalmente al SS-Oberstgruppenführer Sepp Dietrich proseguir la ofensiva que ya se había atascado sin remedio. La excelente disposición de la artillería pesada soviética empezó entonces a diezmar a los tanques alemanes, así como a enterrar en el cieno a cientos de soldados. Tolbujin determinó entonces aprovechar la lentitud del avance germano para lanzar toda la superioridad numérica del 3° Frente Ucraniano en feroces contraataques frontales que, si bien causaban numerosísimas bajas entre la infantería soviética, desgastaban mucho a las fuerzas alemanas que ya estaban en seria inferioridad de hombres y material.
De esta manera el avance fue detenido y lo más cerca que los tanques alemanes estuvieron del Danubio fue 32 kilómetros de distancia, en un saliente al extremo sur de sus posiciones iniciales, y que fue prontamente reducido por los soviéticos al atardecer del 7 de marzo. Desesperado, el 8 de marzo el OKW ordenó enviar las reservas del Heeresgruppe Süd al frente, lo cual no produjo ningún cambio en el resultado de la batalla, signada por intentos vanos de los alemanes por avanzar y severos contraataques de la infantería soviética que obligaban a los alemanes a retroceder de forma lenta pero indetenible. Tras sufrir severas pérdidas, el 15 de marzo el OKH ordenó al 6° Ejército Panzer detener la ofensiva y pasar a la defensiva. Para aquel entonces los alemanes habían sufrido miles de bajas, incluyendo numerosos veteranos de las Waffen SS, perdiendo unos 300 cañones y morteros, y más de 500 tanques.
Aún así la lucha defensiva constituyó un desastre para los alemanes, cuando el 23 de marzo sufrieron una contraofensiva por parte de las tropas de Tolbujin, reforzadas ahora con divisiones del 2° Frente Ucraniano que hacían más desesperada la situación del 6° Ejército Panzer. La lucha aparecía completamente decidida a favor del Ejército Rojo y los alemanes se vieron obligados a retroceder rápidamente hasta el día 26 de marzo en dirección a Austria con el fin de proteger Viena, dejando en poder de los soviéticos casi el 90% del territorio húngaro.
Cuando Adolf Hitler se enteró del fracaso de la ofensiva, ordenó que los hombres de la 1ª División Leibstandarte SS Adolf Hitler (LSSAH) se quitaran las bocamangas de sus guerreras con el emblema "Adolf Hitler", ya que él consideraba que la división que llevaba su propio nombre no había luchado con todas sus fuerzas durante la ofensiva. Cuando el SS-Oberstgruppenführer Sepp Dietrich se enteró de esto, ordenó a sus subordinados desacatar la orden, asegurando que Hitler "debió de haber sido mal informado o engañado", al considerarse una humillación recibir semejante mensaje después de las severas pérdidas sufridas tras el combate.
Debido a la gran estima que Hitler sentía por Dietrich, éste pudo darse el lujo de dar semejante orden sin arriesgarse a ser destituido, como hubiera podido suceder de ser otro. Heinrich Himmler comentó inclusive: «Si el Führer quiere despojar de sus brazaletes a las SS tendrá que írselas a quitar a los cadáveres que se encuentran en el campo de batalla», expresando las pérdidas sufridas por las tropas germanas, empeñadas en una ofensiva imposible de ganar.
La ofensiva del lago Balatón demostró que los alemanes, a pesar de que habían perdido la iniciativa estratégica de forma definitiva en el verano de 1943, aún podían mantener la iniciativa táctica, en parte debido a la capacidad de los oficiales intermedios más veteranos, que gozaban de la capacidad e iniciativa suficiente, para seguir tomando decisiones según se dieran las circunstancias de batalla. Por desgracia, la ceguera del OKW y en particular de Adolf Hitler, hacía que este tipo de ofensivas acabaran siempre en fracaso debido a la incapacidad de explotar el éxito inicial a causa del lamentable estado en que se encontraban las tropas alemanas por aquel entonces.




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(Vientos de Guerra: Segunda Guerra Mundial)


















Pedro Pablo Romero Soriano PS

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