Tribunal Militar Internacional para el Lejano Oriente

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El 12 de noviembre de 1948, en Tokio, el Tribunal Militar Internacional para el Lejano Oriente condenó a muerte a siete militares y funcionarios gubernamentales japoneses, incluido el general Hideki Tojo, por su papel en la Segunda Guerra Mundial.
Once países (Australia, Canadá, China, Francia, India, Países Bajos, Nueva Zelanda, Filipinas, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos) proporcionaron jueces y fiscales para el tribunal. Uno de ellos dijo: “sólo la guerra que se pierde es un crimen internacional". No se equivocó, una de las principales "reglas" de la guerra es que sólo los vencidos cometen crímenes de guerra.
No eran los primeros japoneses condenados ni tampoco las primeras voces disidentes. En efecto, dos años antes, el juez Murphy de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, sostuvo en su voto en el caso "US vs. Yamashita", que "utilizar la misma ineficacia y desorganización creada por las fuerzas victoriosas como la base principal para condenar a los oficiales de los ejércitos derrotados, no se parece en nada a la justicia ni a la realidad militar" (recordamos que Yamashita fue condenado a morir en la horca por no poder controlar los excesos de tropas japonesas en Manila, que ni siquiera estaban bajo su mando).
Volvamos ahora el personaje que presentaremos hoy. El Santuario Yasukuni es un santuario sintoísta japonés erigido en la memoria de sus caídos. Allí se encuentra el “Libro de las Ánimas”, que contiene un listado con los nombres de 2.466.532 soldados japoneses y coloniales (27.863 coreanos y 21.181 taiwaneses) caídos en conflictos bélicos. Lo que llama la atención es que entre los monumentos que obran en ese lugar sagrado, se encuentra uno levantado en honor a un juez de la India: Radhabinod Pal, quien lanzó la conclusión citada más arriba.
¿Quién era Radhabinod Pal? Era un jurista que representaba a la India británica como miembro del tribunal de jueces que oficiaban en los Juicios de Tokio en 1946. Y ahora la inevitable pregunta: ¿por qué un juez indio es honrado en Japón?
Respuesta: Pal, uno de los juristas más prominentes de la historia india, cuestionó vehementemente la legalidad de los tribunales y Juicios de Tokio. En las deliberaciones con jueces de los otros diez países, Pal manifestó que el tribunal no era imparcial y que no debería aplicar retroactivamente el nuevo concepto de crímenes de guerra de Clase A (crímenes contra la paz), que ya se habían utilizado ex post facto en los juicios de Nuremberg. Por lo tanto, Pal no estuvo de acuerdo con los veredictos de culpabilidad del tribunal en los casos de crímenes de clase A. Su razonamiento también influyó en los jueces que representaban a los Países Bajos y Francia, y los tres jueces emitieron opiniones disidentes en la sentencia.
Pero no se quedó ahí: el jurista argumentó que la exclusión del colonialismo occidental y los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki de la lista de crímenes, como también la falta de jueces de las naciones vencidas en los estrados, significó que "el Tribunal no ofreció nada más que la oportunidad de los vencedores para tomar represalias". Es más, fue aún más duro cuando afirmó que fue Estados Unidos quien instigó a Japón a tomar acciones militares en su contra:
"Incluso los historiadores contemporáneos podrían pensar que, en lo que respecta a la guerra actual, que el Principado de Mónaco o el Gran Ducado de Luxemburgo, habrían tomado las armas contra los Estados Unidos al recibir una nota de este tipo (por la nota Hull) que el Departamento de Estado envió al gobierno japonés en la víspera de Pearl Harbor".
Por su parte, el juez Bert Röling (holandés) declaró: "Por supuesto, en Japón todos conocíamos los bombardeos y los incendios de Tokio, Yokohama y otras grandes ciudades. Fue horrible haber ido allí con el propósito de reivindicar las leyes de la guerra, y sin embargo, vi todos los días como los Aliados las habían violado terriblemente".
El juez Pal se refirió al juicio como un "empleo simulado de un proceso legal para la satisfacción de una sed de venganza", aunque reconoció plenamente las atrocidades de guerra de Japón, incluida la masacre de Nanking (dijo que estaban cubiertos en los juicios de Clase B: crímenes de guerra comunes y Clase C: crímenes contra la humanidad).
La ocupación estadounidense de Japón terminó en 1952, después de que Japón firmó el Tratado de Paz de San Francisco y aceptó el veredicto de los juicios de Tokio. El final de la ocupación también levantó la prohibición de la publicación de la disidencia de 1.235 páginas del juez Pal (sí, como lo lees, estuvo prohibida la difusión de la opinión del magistrado).
Pal escribió que los Juicios de Tokio (de los que reitero él formó parte) fueron una puesta en escena de justicia para los vencedores y que los Aliados eran igualmente culpables en actos como los bombardeos estratégicos de objetivos civiles.
En 1966, el Emperador de Japón confirió a Pal la Primera Clase de la Orden del Sagrado Sagrado.
Y ya que lo mencionamos, ¿Qué pasó con el Emperador? Tres jueces redactaron un obiter dictum sobre la responsabilidad penal de Hirohito, en el que se destacó la opinión del juez francés Henri Bernard: la declaración de guerra de Japón "tuvo un autor principal que escapó a todo enjuiciamiento y del cual, en cualquier caso, los presentes acusados ​​sólo podían ser considerados cómplices".
Pero los jueces eran once y había un nuevo "shogun" en Tokio...


Autor: Fortis Leader para Fortis Leader - The Pacific & Asia




FUENTE:

https://www.facebook.com/fortisleaderpacific/photos/a.115526410728720/200674028880624/

(Fortis Leader - The Pacific & Asia)


 











Pedro Pablo Romero Soriano PS

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