Ernie Pyle toma un descanso junto a una patrulla de Marines, Okinawa, 8 de abril de 1945
“Existen dos guerras, y no tienen mucho que ver entre sí. Está la guerra de mapas y logística, de campañas, de municiones, ejércitos, divisiones y regimientos, y esa es la guerra del general Marshall. Después está la guerra de los hombres comunes, nostálgicos, cansados, divertidos, violentos, dignos y valientes. Esa es la guerra de Ernie Pyle. Lo sabe mejor que nadie y escribe sobre eso mejor que nadie” (John Steinbeck, Premio Nobel de Literatura en 1962).
Después de que Estados Unidos declarara la guerra a Japón tras el ataque a Pearl Harbor, Ernie Pyle, un periodista nacido en Indiana y que en ese entonces ya tenía 41 años, quiso enlistarse para servir a su país. Sin embargo, amigos y colegas lo convencieron de que se convirtiera en corresponsal de guerra, lo que lo llevó a cubrir la campaña del norte de África y las invasiones de Sicilia, Italia continental y Francia. Se vinculó íntimamente con los soldados, tal como lo había hecho con los estadounidenses comunes sobre los que había escrito anteriormente en su carrera. Vivió sus vidas, compartió sus trincheras y miserias y a través de sus notas, hizo que la gente en casa comprendiera mejor lo que era la guerra.
La escritura discreta de Pyle y su conexión con los hombres en campaña, les dio a sus lectores en el frente interno una idea de lo que estaban pasando los muchachos lejos de casa. Fueron los soldados regulares, no los oficiales, quienes despertaron la simpatía de Pyle y sus escritos evocaron su compromiso con el servicio frente a tremendas adversidades. Entendió que incluso en algo tan colosal como la guerra, el día a día del soldado era parte de la lucha colectiva que ganaría la batalla. No vio la guerra como algo para ser glorificado o idealizado; sabía muy bien que no había nada de glorioso y romántico en ella.
Con la guerra en Europa terminando, Pyle se dirigió al Pacífico, donde la lucha contra los japoneses se estaba poniendo muy amarga. Después de transitar una guerra cubriendo los combates en Francia, Italia y el norte de África, Pyle le dijo a sus amigos que, aunque quería informar sobre el final de la guerra, tenía la sensación de que no sobreviviría. Aun así, llegó al Pacífico en abril de 1945.
La noche anterior al asalto a Okinawa (1 de abril de 1945), otro periodista vio cómo Pyle metía sus pertenencias en cajas y le preguntaba qué estaba haciendo. Pyle respondió: “Estoy enviando todo este equipo extra de regreso a Albuquerque”. Cuando el reportero le preguntó por qué estaba haciendo eso, Pyle respondió: “Porque me van a matar en esta operación”.
Es que pkinawa era suficiente para que cualquiera asuma la realidad de su propia finitud. Pyle vio de primera mano los efectos aterradores que los kamikazes provocaban en los hombres de la flota aliada, que se sentían impotentes ante la devastación que podían causar los pilotos suicidas. Y cuando la 77.ª División de Infantería del Ejército desembarcó en Ie Shima, una pequeña isla frente a Okinawa, Pyle confirmó que para los japoneses rendirse no era una opción.
El 17 de abril de 1945, después de que la oposición enemiga local supuestamente había sido neutralizada, Pyle viajaba en un jeep con el teniente coronel Joseph B. Coolidge, el oficial al mando del 305 y otros tres oficiales hacia el nuevo puesto de comando, pero el vehículo fue atacado por una ametralladora japonesa. Los hombres inmediatamente se refugiaron en una zanja cercana. "Un poco más tarde, Pyle y yo nos levantamos para mirar alrededor", informó Coolidge."Otra ráfaga pasaron sobre nuestras cabezas... Miré a Ernie y vi que había sido alcanzado". Una bala de ametralladora había entrado en la sien izquierda de Pyle justo debajo del casco, matándolo instantáneamente.
La noticia fue devastadora para sus camaradas en el frente. Ernie era el portavoz del soldado común, y su muerte causó un fuerte impacto tanto en Okinawa como en los States.
Pyle fue enterrado con su casco, junto a otros caídos en Ie Shima: un soldado de infantería y un ingeniero de combate.
En homenaje a su amigo, los hombres de la 77.ª División erigieron un monumento que aún se encuentra en el lugar de su muerte. Su inscripción dice: "En este lugar, la 77 División de Infantería perdió a un amigo, Ernie Pyle, el 18 de abril de 1945". Haciéndose eco del sentimiento de los hombres que servían en el Pacífico, el general Eisenhower dijo: "Los soldados en Europa, y eso significa todos nosotros, hemos perdido a uno de nuestros mejores y más comprensivos amigos".
Fortis Leader para Fortis Leader - The Pacific & Asia
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Fuente: Hourly History. Battle of Okinawa - World War II: A History from Beginning to End (World War 2 Battles) (pp. 36 y ss).
Pedro Pablo Romero Soriano PS
