En la fotografía coloreada, soldados alemanes y soviéticos en Brest, septiembre de 1939, cuando todo era una felicidad falaz
Una de las grandes tragedias de la guerra entre Alemania y la Unión Soviética fue que, a punto de iniciarse la invasión germana, el servicio de información de ésta última tenía conocimiento de casi todo el plan, y el Ejército Rojo podía haber estado mejor preparado para hacer frente al enemigo. Sin embargo, se dejó perder semejante ocasión debido, en gran medida, a un solo hombre: Iósif Stalin.
Los servicios secretos soviéticos contaron con la ayuda de convicciones ideológicas a la hora de reclutar espías en el extranjero. Aunque la mayor responsabilidad era del GRU (Dirección Principal de Espionaje del Estado Mayor de las fuerzas armadas de la Unión Soviética), lo cierto es que el NKGB (Comisaría del Pueblo para la Seguridad Estatal) participó también en dichas actividades. Ambos organismos habían conseguido los servicios de varios agentes residentes en la propia Alemania.
Desde fines de julio de 1940 hasta el 22 de junio de 1941, no menos de noventa advertencias de un ataque alemán inminente fueron alcanzados a Stalin por su aparato de inteligencia, cada informe primero fue cuidadosamente evaluado e interpretado antes de ser entregado a Stalin. A continuación, se describen varias de las advertencias recibidas por Stalin en junio de 1941; ofrecen visiones fascinantes sobre la naturaleza de la información que Stalin estaba recibiendo, y solo unos días antes del ataque alemán, así como su respuesta a toda esta información:
Uno de ellos, Willy Lehmann (“Breitenback”), consiguió infiltrarse en la Gestapo. En 1939 entró a formar parte de la Oficina Central de Seguridad del Reich con el cometido de evitar el espionaje soviético a la industria armamentística alemana. Otro espía destacado fue el archifamoso Richard Sorge, periodista del Frankfurter Zeitung destinado en Tokio, en donde gozaba de la confianza de Eugen Ott, agregado militar y más tarde embajador de Alemania. La red de agentes más extensa era el grupo berlinés denominado Schulze-Boysen/Harnack, siendo dos miembros muy importantes: Harro Schulze-Boysen (“Starshiná”) sobrino nieto del almirante Alfred von Tirpitz y teniente del departamento de espionaje del RLM, y Alfred Harnack (“Korsikánets”).
En una fecha tan temprana como la del 18 de noviembre de 1940, cuando tomaba forma el plan para Barbarroja, Richard Sorge había obtenido y remitido noticias relativas a las órdenes de Hitler de preparar la invasión a la Unión Soviética. El 29 de diciembre, once días después de establecerse la directiva Nº 21, Schulze-Boysen estaba al tanto de su contenido y lo comunicó al GRU, que lo hizo llegar a Moscú. Sin embargo, a pesar que se remitieron más datos el 4 de enero de 1941 y el 28 de febrero (fecha en que le pusieron al corriente del ataque en forma provisional para el 20 de mayo), no lograron impresionar a Stalin. Aunque tal información se confirmaba con otro informe de un agente apostado en Suiza el 21 de febrero, respecto al inicio de la ofensiva, Gólikov (cabeza del GRU) consideró que debía ser “probablemente desinformación”.
El 20 de marzo, Franklin Roosevelt hizo llegar información al legado diplomático de la Unión Soviética en Estados Unidos (información de comunicaciones interceptadas entre Tokio y Berlín), y Stalin la desestimó considerando que se trataba de una provocación. Desde mediados de abril empezaron a aparecer en las calles de Varsovia camiones militares y vehículos de la Cruz Roja: “…El ejército ha requisado todos los automóviles pertenecientes a particulares y a firmas comerciales. Las escuelas están cerradas y a partir del primero de abril van a ser utilizadas como hospitales militares…A lo largo del río Bug se están disponiendo los materiales necesarios para instalar pasos fluviales.” Stalin tuvo este documento sobre su mesa el 5 de mayo de 1941. Aquel mismo día, Richard Sorge, envió desde Tokio un telegrama microfilmado en el que el Ministros de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop, hace saber al embajador Ott: “Alemania va a mover guerra contra la Unión Soviética a mediados de junio de 1941”. Diez días más tarde, Sorge supo que el ataque se produciría entre el 20 y 22 de aquel mes, y corrió a hacer llegar el dato a Moscú.
El gobierno británico también hizo saber a los soviéticos que habían recibido información fidedigna de que Hitler pensaba arremeter contra su nación; pero, aunque estos podían confirmarlo en las transcripciones de Ultra y corroborar que no se trataba de un acto de desinformación, sin embargo, fue en vano. “Stalin, por el motivo que fuese, había conseguido engañarse pensando que las relaciones con Alemania iban a mantener siempre el mismo tono de camaradería”, concluye el historiador Nikolái Tolstói. Richard Sorge volvió a ofrecer datos concretos el día 13 de junio (“150 divisiones van a emprender la ofensiva al amanecer del 22 de junio de 1941”). Semión Timoshenko, Comisario del Pueblo de Defensa, recomendó a Stalin que alertase a las fuerzas fronterizas, sin embargo, Stalin simplemente arremetió contra el espía, a quien llamó: “ese mierdecilla que se está regalando con las fabricuchas y los burdeles de Japón”.
El 17 de junio de 1941 llega otra advertencia de “Starshiná”, indicando que todas las medidas militares alemanas para un ataque están completas y que el golpe puede llegar en cualquier momento. También se han recibido informes fiables del Ministerio de Economía alemán, indicando un ataque inminente. En los márgenes del informe, Stalin sisea: “Usted puede enviar su fuente del estado mayor de la Luftwaffe al diablo. No es una fuente, es proporcionar desinformación”. En los últimos días previos al ataque, Schulze-Boysen avisó desde Alemania: “se han completado todos los preparativos para el ataque armado a la Unión Soviética, y esta debe empezar en cualquier momento”. Dos días después Willy Lehmann hizo saber que su unidad de la Gestapo había recibido la orden de prepararse para el ataque a la Unión Soviética que debe empezar a las tres de la mañana del 22 de junio.
Sin embargo, la cantidad enorme de información remitida a Moscú fue en vano, nada sacaría a Stalin de su estado de negación de la realidad, “Barbarroja” permanecía intacta y desataría su ofensiva como un vendaval.
FUENTE:
https://www.facebook.com/historiasgm/photos/a.105107930962361/594544712018678/
Historia de la Segunda Guerra Mundial
Fuentes:
“Operación Barbarroja” – La Invasión Alemana a la Unión Soviética: Christer Bergström (2016)
“The First Day in the Eastern Front – Germany Invades the Soviet Union, June 22, 1941” de Craig Luther (2019)
Pedro Pablo Romero Soriano PS
