Final de la Batalla de Saipán, los autosacrificios japoneses en Punta Marpi

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Es el 9 de julio de 1944, culmina oficialmente la cruenta Batalla de Saipán, tal vez la más sangrienta [con la mayor carga Banzái de la historia] del teatro del Pacífico. Los infantes de marina estadounidenses se movilizaron hacia el norte, hacia Punta Marpi, en el barrido final para limpiar todos los focos de resistencia japonesa. La lucha aun era intensa, con los soldados japoneses siendo expulsados de las cuevas y otros lugares o muertos dentro de las propias cuevas por acción de los lanzallamas y granadas. Si había civiles en las cuevas los norteamericanos trataban de persuadirles para que se rindieran, pero esas propuestas fueron respondidas muchas veces con granadas mientras los japoneses se suicidaban.
El cabo John "Jack" Rempke observó cómo los japoneses se suicidaban masivamente en el extremo norte de Saipán. Los estadounidenses instalaron altavoces, valiéndose de prisioneros para llamar en japonés a los soldados y civiles a rendirse. La armada también envió botes a las aguas cercanas, transmitiendo en japonés para convencer a los soldados y civiles restantes de que se rindan. Muchos de los que eligieron la muerte vestían poca ropa, y era imposible saber si eran soldados o civiles. A pesar de tales esfuerzos para detener los suicidios, la muerte voluntaria continuó con los japoneses saltando de los acantilados, y “algunos de ellos simplemente caminaron hacia el agua y desaparecieron.”

Los esfuerzos de los hombres de 2a.
 División de Infantería de Marina para desalentar los suicidios resultaron finalmente sin éxito. Los cabos Steve Judd y Jim Montgomery vieron como algunos soldados japoneses lanzaban a los niños por los acantilados: “Tiraban a los niños. Algunos estadounidenses con un equipo de megafonía estaban justo debajo de los acantilados tratando de detenerlos”. De acuerdo al ayudante médico Chester Szech: “No hubo nada que los soldados pudieran hacer sobre esta terrible situación. Teníamos un LST en el agua perifoneando que no salten. Estábamos abajo y nos sentamos allí observando todo. Había muchas mujeres y niños. Eran ciudadanos japoneses asentados en Saipán y terminaron por suicidarse. Los varones adultos lanzaban a los niños, luego la esposa saltaba y al final él varón adulto saltaba.
La escena era espeluznante incluso para los veteranos de guerra. El cabo Joe Ojeda estaba en la primera línea de los marines en Punta Marpi y tenía una visión clara de los suicidios: “Todas las mujeres con sus niños pequeños se suicidaban. Podías oír una explosión y ver partes del cuerpo volando por todas partes”. Ojeda fue asignado para ir en una embarcación, desde donde vio a un hombre japonés boca abajo en el agua: “Se movió y le disparé. Hasta el día de hoy lo veo todo el tiempo. Tengo un sentimiento de culpa por eso”. El soldado Clifford Howe compartió sentimientos similares: “Vimos cientos de cuerpos, meciéndose en las olas o yaciendo muertos en las rocas de abajo. Ver esto hizo que incluso los soldados estadounidenses más endurecidos se sintieran acongojados”. Algunos soldados, sin embargo, asimilaron la escena como la culminación lógica de la sangrienta batalla. Si bien el cabo M. F. Leggett no vio a nadie saltar, vio algunos de los cuerpos más tarde en las rocas y se encogió de hombros: “Te vuelves duro cuando estás en combate”.


FUENTE:
https://www.facebook.com/historiasgm/photos/a.105107930962361/607049704101512

Historia de la Segunda Guerra Mundial


Fuente: “The D-Day in the Pacific - Battle of Saipan” de Harold Goldberg (2007)
































Pedro Pablo Romero Soriano PS

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