En los días finales de la guerra, el 14 de agosto de 1945, en medio de la consternación por el primer bombardeo atómico de la historia, Hirohito anunciaba en la radio que Japón aceptaba las exigencias de la Conferencia de Potsdam y se rendía sin condiciones.
Hirohito había sido coronado en 1926. Asumió la jefatura del Imperio bajo el lema Showa, que significa paz y armonía. El resultado fue justo el contrario: las aventuras militares del país llevaron a una guerra que se saldó con más de tres millones de muertos y el fin del orgullo imperial. A la derrota militar, Hirohito sumó el fracaso personal como emperador responsable del destino de sus súbditos. Paradójicamente, aquel gesto político por el que él mismo asumía la derrota abrió el camino de la salvación de su imperial cabeza y le brindó una nueva oportunidad política.
Fue una oportunidad que procedía del general Douglas MacArthur. Los vencedores querían someterle, junto con los generales y algunos miembros de la familia imperial, a un consejo de guerra que con toda probabilidad le habría condenado a muerte. Pero, haciendo uso de su posición de fuerza, MacArthur convocó a Hirohito a una reunión en la embajada estadounidense en Tokio el 26 de septiembre de 1945. Lo hacía en calidad de jefe de las fuerzas de ocupación. Además de la humillación que suponía llevar al emperador a su terreno, MacArthur le recibió sin concesión especial al protocolo.
"MacArthur saludó al emperador a la entrada de la recepción, estrechando su mano y diciendo "Es usted muy, muy bienvenido, señor". Y el emperador se inclinaba y se inclinaba cada vez más hasta que MacArthur se encontró a sí mismo estrechando su mano por encima de su cabeza. Sólo el emperador, MacArthur y el intérprete Okamura entraron en la recepción. Entonces la puerta se abrió y el teniente Gaetano Faillace tomó la famosa foto del emperador y MacArthur desde fuera de la habitación." El teniente sacó tres fotos; en una MacArthur sale con los ojos cerrados, en otra el emperador sale con la boca abierta. La tercera salió bien y fue publicada en la prensa dos días más tarde, con gran escándalo local. La imagen del emperador era sagrada, hasta el punto de que sus propios súbditos escucharon su voz por primera vez cuando dio su discurso de rendición por la radio, y el general ni siquiera se había puesto corbata para la ocasión. Ninguna de estos detalles preocupaba ya a Hirohito, que estaba resignado a sacrificarse para salvar lo que quedaba de su país. "Vengo hasta usted, general MacArthur, le dijo, para entregarme al poder que usted representa como responsable único de todas y cada una de las decisiones políticas y militares tomadas y ejecutadas por mi gente durante el transcurso de la guerra".
MacArthur intuyó que ejecutar al emperador no ayudaría a controlar la situación y a apaciguar el espíritu nacionalista tan arraigado con la figura del Emperador, sino que podía volver a enardecerlos. MacArthur sorprendió en la Casa Blanca con una propuesta para eximir a Hirohito de responsabilidades formando parte de los proyectos para la normalización del país.
Su plan consistía en dejarle al margen de los procesos judiciales, mantenerle en el poder e incorporarle al proceso de transformación de las estructuras políticas que MacArthur consideraba necesarias para colocar a Japón en la órbita de las potencias democráticas. Eso sí, eliminando toda posibilidad de que el país recuperase su capacidad militar. El presidente Truman, tras sopesar pros y contras, dio el visto bueno a la propuesta de MacArthur.
Fue el propio general quien comunicó al emperador, a través de su interlocutor, el almirante Mitsumasa, que no era necesario que abdicase. E inmediatamente la burocracia de los ocupantes empezó a trabajar en una adecuación del proceso de guerra para que tanto Hirohito como algunos miembros de la familia real también implicados quedasen exonerados, no solo de responsabilidades, sino también de sospechas.
Sin embargo no fue un perdón gratuito. Las fuerzas militares japonesas fueron desmanteladas y sus líderes desterrados de la vida pública para siempre. Los monopolios que habían alimentado el esfuerzo bélico fueron despojados de todos sus bienes. Pero las dos medidas más significativas fueron puramente simbólicas y poéticamente gemelas.
La primera tuvo lugar el día de año nuevo de 1946, cuando el emperador fue obligado a renunciar públicamente a la divinidad. "Los lazos que nos unen han estado siempre sustentados por la confianza y el afecto mutuo, dijo en su comunicado. No dependen de las leyendas y los mitos. Ya no están basados en la falsa idea de que el Emperador es divino y que los japoneses son superiores a otras razas y destinados a dominar el mundo".
La segunda fue el artículo 9 de la nueva Constitución, donde "el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como nación soberana y al uso de amenazas como medio para resolver disputas internacionales" y el emperador sólo es "un símbolo del Estado y de la unidad del pueblo". El 22 de febrero, Hirohito la declaró oficial.
Su plan consistía en dejarle al margen de los procesos judiciales, mantenerle en el poder e incorporarle al proceso de transformación de las estructuras políticas que MacArthur consideraba necesarias para colocar a Japón en la órbita de las potencias democráticas. Eso sí, eliminando toda posibilidad de que el país recuperase su capacidad militar. El presidente Truman, tras sopesar pros y contras, dio el visto bueno a la propuesta de MacArthur.
Fue el propio general quien comunicó al emperador, a través de su interlocutor, el almirante Mitsumasa, que no era necesario que abdicase. E inmediatamente la burocracia de los ocupantes empezó a trabajar en una adecuación del proceso de guerra para que tanto Hirohito como algunos miembros de la familia real también implicados quedasen exonerados, no solo de responsabilidades, sino también de sospechas.
Sin embargo no fue un perdón gratuito. Las fuerzas militares japonesas fueron desmanteladas y sus líderes desterrados de la vida pública para siempre. Los monopolios que habían alimentado el esfuerzo bélico fueron despojados de todos sus bienes. Pero las dos medidas más significativas fueron puramente simbólicas y poéticamente gemelas.
La primera tuvo lugar el día de año nuevo de 1946, cuando el emperador fue obligado a renunciar públicamente a la divinidad. "Los lazos que nos unen han estado siempre sustentados por la confianza y el afecto mutuo, dijo en su comunicado. No dependen de las leyendas y los mitos. Ya no están basados en la falsa idea de que el Emperador es divino y que los japoneses son superiores a otras razas y destinados a dominar el mundo".
La segunda fue el artículo 9 de la nueva Constitución, donde "el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como nación soberana y al uso de amenazas como medio para resolver disputas internacionales" y el emperador sólo es "un símbolo del Estado y de la unidad del pueblo". El 22 de febrero, Hirohito la declaró oficial.
FUENTES:
https://www.facebook.com/historiasgm/photos/599708861502263
https://www.facebook.com/photo/?fbid=554885696662610&set=pb.100064235526662.-2207520000.
Historia de la Segunda Guerra Mundial
https://www.eldiario.es/.../general-macarthur-emperador...
https://www.lavanguardia.com/.../el-milagro-que-salvo-a...
https://www.abc.es/.../hirohito-segunda-guerra-mundial...
https://www.revistadelibros.com/hirohito-y-la-segunda.../
https://www.lavanguardia.com/.../el-milagro-que-salvo-a...
https://www.abc.es/.../hirohito-segunda-guerra-mundial...
https://www.revistadelibros.com/hirohito-y-la-segunda.../
Pedro Pablo Romero Soriano PS

