Tsutomu Yamaguchi (1916-2010), un ingeniero japonés, testigo y única víctima oficialmente reconocida que sobrevivió a la explosión de las dos bombas nucleares lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki
“Yo, al igual que el 90% de los sobrevivientes, tuve un sentimiento de culpa porque vi morir a familiares y amigos. Después de la explosión vimos gente bajo los edificios derrumbados pidiendo ayuda, pero no podíamos ayudarlos, estaban atrapados. Las madres trataban de sacarlos pero era muy difícil. Luego, el fuego se esparció tan rápido que no tuvieron otra opción que irse… Las madres se preguntaron: ¿por qué no pudimos cumplir con el deber de ayudar a nuestros hijos hasta el último momento?
Tras la explosión, dos personas muy heridas se me acercaron y solo decían 'agua, agua'. Yo les di de beber y luego murieron frente a mí. En ese momento no lo entendía, era solo una niña de 8 años, pero comencé a culparme porque sentía que los había matado. Sentía que si no les hubiera dado agua, ellos no estarían muertos. Me sentí así durante más de 10 años".
Así lo recuerda la sobreviviente Keiko Ogura, una hibakusha, término japonés que designa, generalmente, a las personas afectadas por los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.
Además de aquél sentimiento de culpa generado por haberse salvado o haber sido incapaces de ayudar a quienes pedían auxilio, los hibakusha sufrieron una tremenda discriminación. En efecto, las heridas físicas, el temor a que los efectos de la radiación pudieran ser contagiosos y los traumas psicológicos de los hibakusha, llevaron a que muchísimos comenzaran a ser discriminados por su condición.
“La gente temía que los sobrevivientes tuvieran una enfermedad contagiosa”, recuerda Yasuaki Yamashita, un sobreviviente de Nagasaki que tenía 6 años el día del ataque. “Decían: Hay que separarlos, no hay que casarse con ellos, no hay que tener amistad con ellos”.
Para las mujeres la situación muchas veces era aún más difícil, debido a ignorancia sobre las consecuencias de la enfermedad por radiación, que gran parte de la gente creía que era hereditaria o incluso contagiosa, a pesar del hecho de que las mujeres sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, que pudieron concebir, que estuvieron expuestas a cantidades sustanciales de radiación, continuaron y tuvieron hijos sin una incidencia mayor de anormalidades/defectos congénitos que la tasa que se observa en la media japonesa.
Esta lamentable discriminación con frecuencia se extendió también a los hijos de los hibakusha, tanto social como económicamente, ya que les resultaba muy difícil conseguir trabajo.
Sin embargo, hubo un hibakusha que tuvo suerte (muchísima): Tsutomu Yamaguchi, el único sobreviviente de Hiroshima y Nagasaki oficialmente documentado. Sí, como leen, este buen hombre no se salvó de una, sino de las dos bombas atómicas.
Yamaguchi, un trabajador de Mitsubishi, estaba aproximadamente a 3 kilómetros de la zona cero en Hiroshima a las 8:15 del 6 de agosto de 1945. La onda expansiva pasó sobre él arrojándolo a gran distancia hacia un campo de papas. Sufrió quemaduras de consideración.
A pesar de sus heridas y los horrores que lo rodeaban, Tsutomu solo podía pensar en regresar a casa con su esposa y su hijo pequeño en Nagasaki. Al día siguiente de su regreso a casa (el tren funcionaba) y a pesar de sus heridas, Tsutomu se presentó a trabajar en las oficinas de Mitsubishi en Nagasaki, un día como hoy, hace 78 años. Al detonar la bomba, todo el ala del edificio donde estaba trabajando, había desaparecido junto con 300 de sus compañeros de trabajo Tsutomu. Milagrosamente salió ileso.
Finalmente, Tsutomu se recuperó de sus heridas y de la enfermedad por radiación. Empezó a trabajar como traductor para las fuerzas de ocupación estadounidenses en Japón, luego como profesor y finalmente reanudó su carrera en Mitsubishi. Durante la década de 1950, él y su esposa tuvieron dos hijas.
Tras la explosión, dos personas muy heridas se me acercaron y solo decían 'agua, agua'. Yo les di de beber y luego murieron frente a mí. En ese momento no lo entendía, era solo una niña de 8 años, pero comencé a culparme porque sentía que los había matado. Sentía que si no les hubiera dado agua, ellos no estarían muertos. Me sentí así durante más de 10 años".
Así lo recuerda la sobreviviente Keiko Ogura, una hibakusha, término japonés que designa, generalmente, a las personas afectadas por los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.
Además de aquél sentimiento de culpa generado por haberse salvado o haber sido incapaces de ayudar a quienes pedían auxilio, los hibakusha sufrieron una tremenda discriminación. En efecto, las heridas físicas, el temor a que los efectos de la radiación pudieran ser contagiosos y los traumas psicológicos de los hibakusha, llevaron a que muchísimos comenzaran a ser discriminados por su condición.
“La gente temía que los sobrevivientes tuvieran una enfermedad contagiosa”, recuerda Yasuaki Yamashita, un sobreviviente de Nagasaki que tenía 6 años el día del ataque. “Decían: Hay que separarlos, no hay que casarse con ellos, no hay que tener amistad con ellos”.
Para las mujeres la situación muchas veces era aún más difícil, debido a ignorancia sobre las consecuencias de la enfermedad por radiación, que gran parte de la gente creía que era hereditaria o incluso contagiosa, a pesar del hecho de que las mujeres sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, que pudieron concebir, que estuvieron expuestas a cantidades sustanciales de radiación, continuaron y tuvieron hijos sin una incidencia mayor de anormalidades/defectos congénitos que la tasa que se observa en la media japonesa.
Esta lamentable discriminación con frecuencia se extendió también a los hijos de los hibakusha, tanto social como económicamente, ya que les resultaba muy difícil conseguir trabajo.
Sin embargo, hubo un hibakusha que tuvo suerte (muchísima): Tsutomu Yamaguchi, el único sobreviviente de Hiroshima y Nagasaki oficialmente documentado. Sí, como leen, este buen hombre no se salvó de una, sino de las dos bombas atómicas.
Yamaguchi, un trabajador de Mitsubishi, estaba aproximadamente a 3 kilómetros de la zona cero en Hiroshima a las 8:15 del 6 de agosto de 1945. La onda expansiva pasó sobre él arrojándolo a gran distancia hacia un campo de papas. Sufrió quemaduras de consideración.
A pesar de sus heridas y los horrores que lo rodeaban, Tsutomu solo podía pensar en regresar a casa con su esposa y su hijo pequeño en Nagasaki. Al día siguiente de su regreso a casa (el tren funcionaba) y a pesar de sus heridas, Tsutomu se presentó a trabajar en las oficinas de Mitsubishi en Nagasaki, un día como hoy, hace 78 años. Al detonar la bomba, todo el ala del edificio donde estaba trabajando, había desaparecido junto con 300 de sus compañeros de trabajo Tsutomu. Milagrosamente salió ileso.
Finalmente, Tsutomu se recuperó de sus heridas y de la enfermedad por radiación. Empezó a trabajar como traductor para las fuerzas de ocupación estadounidenses en Japón, luego como profesor y finalmente reanudó su carrera en Mitsubishi. Durante la década de 1950, él y su esposa tuvieron dos hijas.
Autor: Fortis Leader para Fortis Leader - The Pacific & Asia
FUENTES:
https://www.facebook.com/photo/?fbid=367645495539538&set=a.340705901566831
Fortis Leader - The Pacific & Asia
Pedro Pablo Romero Soriano PS
