Operación Overlord, 6 de junio de 1944 (Día D)

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Fotografía: Soldado Alemán con una ametralladora MG 42, y granadas "Stielhandgranate M24" (Granada de mano) en posición. Primavera de 1944. Francia, Muro Atlántico. Fotógrafo: Werner. (FGF Colourised) 

En comparación, la edad promedio de los soldados de infantería británicos, estadounidenses y canadienses a la espera de cruzar el canal era de veinticinco años y medio, una edad que los analistas militares consideraban óptima para soldados de combate (los soldados del Ejército británico actual tiene una edad media de 23 24 años). Hay muchas razones por las que los ejércitos prefieren que sus soldados sean jóvenes; en la práctica, los jovenes pueden hacer frente a las enormes exigencias físicas del combate mejor que los mayores, pero lo más importante es la diferencia emocional entre ambos. En general, los jóvenes se sienten invulnerables y es más probable que acepten los riesgos inherentes a la batalla, mientras que lo que ya tienen cierta edad son más conscientes (y temerosos) de los peligros a lo que enfrentan y, a demás, también tienen mucho más presente que pueden perder la vida con su cónyuge y sus hijos, un hogar, una carrera profesional, ect. En términos simples, es más probable que un soldado de más edad mantenga la cabeza gacha cuando las balas empiezan a volar.


Intentábamos motivar a los hombres recordándolas la necesidad de echar a los aliados de vuelta al mar y el peligro que representaría para todos nosotros que lograsen afianzarse en la costa; la mayoría reaccionó de manera muy positiva, pero una minoría, que en su mayor parte era soldados alemanes más viejos o tropas orientales, se quedaron callados y sospeché que sus ánimos no estaban en la lucha.


Si un soldado tenía menos de treinta años y estaba destinado a una división estática, solía ser por motivos médicos. Martin Eineg era un soldado raso en el GR. 726 estacionado cerca de La Riviere. "Aunque era alto, tenía una enfermedad pulmonar crónica que técnicamente me clasificaba como no apto para el servicio. A un así, me enviaron a Francia para guarnicionar el Atlantikwall".


Un camarada de Eineg del 736, Helmut Voigt, estaba acuartelado un par de millas al este, en Saint-Aubin: "Se me había clasificado como no apto médicamente a causa de mi vista y mis pies planos, de modo que me asignaron a la división estática 716 en Francia cuando tenía diecisiete años, llegué ahí en enero de 1944". A los problemas médicos se añadía la baja moral, pues los hombres no creían poder sobrevivir, y mucho menos detener, cualquier posible desembarco; la victoria final era algo imposible de concebir para muchos. 


Mi padre me había dicho que Alemania no podía ganar y que sería como en la guerra de 1914-1918, cuando todo el mundo estaba contra nosotros. Quedé aún más convencido de que nuestra situación era desesperada cuando llegamos a Colleville. No había defensas de las que uno pudiera hablar y aunque se estaba trabajando mucho, colocando obstáculos y demás en las playas, todos en la compañía sabían que un buen bombardeo lo destruiría todo [...] Sentía que la situación era desesperada, pero cuando comenzó de verdad la invasión, supe que sería una batalla por la supervivencia.


Los soldados, en general, son personas simples y no hay nada más básico para la vida de un soldado que lo que come cada día. Tal como el dramaturgo y poeta Bertolt Brecht escribe en su Die Dreigroschnoper (La ópera de cuatro cuartos), "Erst Kommt das Fressen, dann Komms die Moral", es decir, "primero viene la comida, luego la moral". En Normandía, las raciones alemanas eran bastantes míseras.


En general, la moral no era buena. Tenía mucho que ver con el hecho de que, en realidad, no se preocupaban mucho por la infantería, así de simple. La comida era muy, muy mala. En Alemania, las provisiones también eran bastantes escasas y, además había diferencias entre la Kriegsmarine, la Luftwaffe y la infantería, que tenía el estatus más bajo posible. Parecía que siempre nos daban salchichas muy malas y Kommisbrot [la ración de pan del ejército alemán], un pan muy negro y horrible que había estado almacenado durante tanto tiempo que la mitad ya estaba enmohecida. Cuando alguien de nuestra compañía volvía a casa de permiso, solíamos suplicarle que nos trajera algo de pan.



FUENTES:

Notas sacadas del libro: El Día D, de JONATHAN TRIGG, "La batalla vista por los alemanes". 📖

Créditos: Bundesarchiv "Archivos Federales Alemanes". Bild 101I 264-1602-34A.


 




















Pedro Pablo Romero Soriano PS

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