La 7.ª División Panzer apodada “División Fantasma” (Gespensterdivision), bajo el mando del General Erwin Rommel, se convirtió en una de las unidades más temidas y letales del Blitzkrieg.
Mayo de 1940. Alemania lanza su ofensiva por las Ardenas. Rommel, al frente de la 7.ª Panzer, transforma una división normal en una máquina de guerra imparable. Sus hombres —veteranos duros, apoyados por Pz. III, Pz. IV, los ágiles Pz. 38(t) checos y baterías de 88 mm convertidas en cazatanques— avanzan a un ritmo brutal, ignorando muchas veces las órdenes conservadoras del alto mando.
¿Por qué “Fantasma”?
Porque aparecía de la nada en la retaguardia enemiga, golpeaba con furia salvaje y desaparecía antes de que los franceses o británicos pudieran organizar una defensa coherente. Sus columnas blindadas dejaban a su paso una estela de tanques ardiendo, vehículos destrozados y miles de soldados aliados rindiéndose en masa.
La carnicería comienza en las Ardenas. Rommel lanza a su división a través de un terreno que muchos consideraban impenetrable. Cuando llegan al río Mosa en Dinant, no espera refuerzos. Bajo un infierno de artillería y ametralladoras francesas, ordena el cruce inmediato. Ingenieros trabajan bajo bombas, panzergrenadier cruzan en botes y balsas improvisadas mientras los tanques y los 88 mm disparan sin parar. Los franceses resisten con valentía, pero la presión es inhumana. La cabeza de puente se consolida a costa de sangre y acero. Rommel está en primera línea, exponiéndose al fuego enemigo.
Una vez al otro lado, la División Fantasma se desata como un demonio. Avanzan a velocidades de hasta 300 km en pocos días, dejando atrás a la infantería y cortando líneas de suministro enemigas. En Arras, los británicos lanzan un contraataque feroz con pesados tanques Matilda II. Los panzer alemanes sufren pérdidas, pero Rommel trae los 88 mm y los convierte en una matanza: uno tras otro, los Matilda explotan en bolas de fuego. El contraataque aliado se desmorona en sangre y humo.
La división sigue su carrera hacia la costa del Canal de la Mancha. Pueblos y ciudades caen uno tras otro en combates rápidos y brutales. Columnas aliadas son sorprendidas en marcha y masacradas desde los flancos. Miles de soldados franceses y británicos se rinden ante la velocidad y la ferocidad de los panzer. En Cherburgo, la división llega casi sin oposición y captura la importante base naval, tomando prisioneros a millares.
En solo seis semanas de campaña, la 7.ª Panzer causó un daño desproporcionado: decenas de miles de prisioneros, cientos de vehículos y tanques destruidos, y un colapso psicológico total en el bando aliado. Las bajas alemanas fueron de unas 2.500 hombres (altas para el ritmo infernal de avance), pero el daño infligido fue mucho mayor. Rommel ganó allí su fama legendaria como genio del ataque blindado.
Más tarde, la división luchó ferozmente en el Frente Oriental (donde sufrió pérdidas terribles) y en Normandía (1944), donde fue casi aniquilada, pero su leyenda nació en Francia como la unidad que personificó la guerra relámpago en su máxima expresión de velocidad, sorpresa y brutalidad.
La División Fantasma: Velocidad demoníaca, fuego concentrado y terror puro. Una de las divisiones Panzer más efectivas y temidas de toda la Segunda Guerra Mundial.
GALERÍA FOTOGRÁFICA
FUENTES:
Soldados de la Segunda Guerra Mundial
Rafael Castillo Flores
Pedro Pablo Romero Soriano PS








