Mientras las calles de Varsovia estaban sumidas por la violencia durante el Alzamiento del verano de 1944, Winston Churchill se reunía con el General Władysław Anders en cuartel general de los polacos en el norte de Italia. En el contexto de la polémica relativa al futuro de Polonia, aquel encuentro del 26 de agosto, resultó ser uno de los más reveladores de la guerra.
El Primer Ministro Británico, que sabía, que cuando menos, iba a ser una ocasión delicada, comenzó felicitando a su interlocutor por la labor que había efectuado el II Cuerpo polaco durante la campaña italiana, y preguntó por la moral de los soldados. El general polaco respondió que los ánimos de sus hombres se encontraban en excelentes condiciones, si bien estaban preocupados por “el futuro de Polonia y la situación actual de Varsovia”, respondiendo el británico: “el presidente Rossevelt y yo le hemos pedido a Stalin que ayude a los combatientes varsovianos, pero si la primera vez que lo hicimos no recibimos respuesta alguna, la segunda vez que lo hemos solicitado ha sido negativa…no estamos en condiciones de emprender acción alguna en la capital, pero en el presente estamos haciendo todo lo posible por establecer un puente aéreo”.
A continuación, se refirió a su discurso que pronunciaría ante la Cámara de los Comunes a raíz de la Conferencia de Teherán, en el que había dicho que los polacos debían estar dispuestos a ceder parte de su territorio a cambio de un acuerdo con la Unión Soviética. Lo cierto, señor primer ministro, repuso Anders, es que estamos muy disgustados con usted por esto. Al pactar con Polonia, señaló Churchill, Gran Bretaña jamás se comprometió a salvaguardar las fronteras polacas, garantizamos la existencia de Polonia en calidad de estado libre e independiente, soberano por entero, así como que sus ciudadanos podrían vivir tranquilos, sin la amenaza de influencias procedentes del extranjero.
Tales palabras sin duda a la luz de los hechos pecaban de ser poco sincera, toda vez que el mismísimo Winston Churchill había escrito a Anthony Eden en 1942, diciéndole que la ocupación soviética de Polonia oriental contradecía “los principios de libertad y democracia expuestos en la Carta del Atlántico”. El Primer Ministro repitió entonces la misma opinión que había expuesto en Teherán: que los polacos recibirían “tierras muchos mejores más a poniente” a cambio de los territorios orientales de “las marismas del Prípet”. Anders respondió que “el asunto de la demarcación fronteriza sólo era solucionable en forma definitiva una vez que acabase la guerra, durante una conferencia de paz”. Churchill se mostró de acuerdo, y garantizó al polaco que estaría presente en ella, a lo que añadió: “Puede creernos, ya que Gran Bretaña entró en esta guerra para salvaguardar la independencia de su pueblo y jamás va a abandonarlo”.
No cabe sorprenderse de que Anders recelase un tanto de las palabras de Churchill. Recordó al Primer Ministro que la Unión Soviética sería inmensamente poderosa al culminar la guerra, pero el británico daría una curiosa respuesta, mencionando que los Estados Unidos y el Reino Unido, tendrían una capacidad ilimitada militarmente hablando, como una forma de contraponer el poderío soviético de postguerra.
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Pál Maléter
Fuente: "A Puerta Cerrada" de Laurence Rees
Pedro Pablo Romero Soriano PS
