Estamos en medio del territorio de Birmania. Además de mulas, tanto los japoneses como los británicos se sirvieron de los elefantes. Estos animales y sus cuidadores, se habían empleado antes de la guerra en los bosques de Birmania. El “gran jefe de los colmillos” de la unidad de William Slim era el teniente coronel Bill Williams, un veterano de un cuerpo de camellos que había trabajado como cuidador de elefantes para la corporación comercial Birmania-Bombay desde 1920. Bill adoraba a sus elefantes y trabajaba con devoción no solo para que sirvieran a la causa británica, sino también para proteger los intereses de los animales. En el invierno de 1944 lideró una fuerza de 147 elefantes a través del río Chindwin, reforzando además su manada, a medida que el ejército avanzaba, con algunos más que habían sido dejados por los japoneses. Aunque sea sorprendente los elefantes no podían cargar mucho peso, su habilidad para construir puentes era muy demandada.
Era una visión increíble contemplar como un elefante levantaba con su trompa un tronco de más de 200 kilos. Los grandes animales construyeron 270 pontones para el 14° Ejército. Los hombres llegaron a ver incluso como un elefante remolcaba un vehículo anfibio DUKW. Los hombres de John Randle se admiraban que los elefantes pudieran cargar con sus pesados morteros, pero, desafortunadamente, también se comían el follaje que empleaban para camuflarlos.
Los mejores cuidadores eran los que Williams denominaba “los birmanos de verdad, los irlandeses de Oriente”, jugadores empedernidos que querían a sus animales tanto como él. No obstante, algunos se descuidaban y les causaban mucho dolor al permitir que el ácido de las municiones goteara sobre el lomo de los animales. Williams estableció un hospital veterinario de campaña para cuidar a los animales heridos, pero no pudieron hacer nada cuando una de sus bestias favoritas, Okethapyah, pisó una mina de tierra. “Le di a Alex una buena copa de ron y le dije que no podía amputarle las piernas a un elefante, que lo único que podíamos hacer era en adelante intentar evitar los accidentes de este tipo”.
Williams registraba las zonas donde caían los paracaidistas en busca de bolsas de sal rotas para sus animales y luchaba constantemente contra la crueldad ocasional de los soldados hacia los elefantes. En octubre de 1944, el elefante favorito de Williams, Bandoola, un ejemplar de 48 años, se adentró en una plantación de piña y contrajo un cólico agudo después de comerse 900 frutas. Bandoola se recuperó de esta experiencia, pero murió unos meses después: lo encontraron sin un colmillo y con una herida infligida por una bala británica.
A pesar de la idea romántica de los elefantes, lo cierto es que los animales sufrieron mucho debido al papel que les tocó desempeñar en una lucha de la que nada sabían. Muchos de los animales que usaron los japoneses acabaron heridos o muertos a causa de los bombardeos aéreos de los aliados. Algunos volvieron a capturarse, pero a la mayoría les habían aserrado los colmillos por el marfil. Se calcula que unos 4.000 elefantes murieron en Birmania entre 1942 y 1945.
Era una visión increíble contemplar como un elefante levantaba con su trompa un tronco de más de 200 kilos. Los grandes animales construyeron 270 pontones para el 14° Ejército. Los hombres llegaron a ver incluso como un elefante remolcaba un vehículo anfibio DUKW. Los hombres de John Randle se admiraban que los elefantes pudieran cargar con sus pesados morteros, pero, desafortunadamente, también se comían el follaje que empleaban para camuflarlos.
Los mejores cuidadores eran los que Williams denominaba “los birmanos de verdad, los irlandeses de Oriente”, jugadores empedernidos que querían a sus animales tanto como él. No obstante, algunos se descuidaban y les causaban mucho dolor al permitir que el ácido de las municiones goteara sobre el lomo de los animales. Williams estableció un hospital veterinario de campaña para cuidar a los animales heridos, pero no pudieron hacer nada cuando una de sus bestias favoritas, Okethapyah, pisó una mina de tierra. “Le di a Alex una buena copa de ron y le dije que no podía amputarle las piernas a un elefante, que lo único que podíamos hacer era en adelante intentar evitar los accidentes de este tipo”.
Williams registraba las zonas donde caían los paracaidistas en busca de bolsas de sal rotas para sus animales y luchaba constantemente contra la crueldad ocasional de los soldados hacia los elefantes. En octubre de 1944, el elefante favorito de Williams, Bandoola, un ejemplar de 48 años, se adentró en una plantación de piña y contrajo un cólico agudo después de comerse 900 frutas. Bandoola se recuperó de esta experiencia, pero murió unos meses después: lo encontraron sin un colmillo y con una herida infligida por una bala británica.
A pesar de la idea romántica de los elefantes, lo cierto es que los animales sufrieron mucho debido al papel que les tocó desempeñar en una lucha de la que nada sabían. Muchos de los animales que usaron los japoneses acabaron heridos o muertos a causa de los bombardeos aéreos de los aliados. Algunos volvieron a capturarse, pero a la mayoría les habían aserrado los colmillos por el marfil. Se calcula que unos 4.000 elefantes murieron en Birmania entre 1942 y 1945.
FUENTES:
https://www.facebook.com/historiasgm/photos/a.105107930962361/598323924974090/
Historia de la Segunda Guerra Mundial
Fuente: “Némesis – La Derrota del Japón 1944-1945” de Max Hastings (2007)
Pedro Pablo Romero Soriano PS
