Odio entre hermanos detrás de la guerra. Adidas vs. Puma

0



Esta es la historia de unas zapatillas. O más bien la historia de dos hermanos que se odiaron hasta el final de sus vidas, y más allá. O la historia de Alemania durante los tiempos del nazismo. O la historia de un partido de fútbol de la selección alemana. O la historia de cómo los hijos y los nietos heredan, al decir de Shakespeare, los pecados de sus padres. Cada uno puede elegir de qué se trata esta historia, porque se trata de muchas cosas.

Esta es la historia de la lavandería donde nacieron todas estas historias. Recién llegados de la Primera Guerra Mundial, Rudolf y Adolf (Adi) Dassler abrieron una fábrica de calzado: la fábrica de calzado Dassler (en alemán: Gebrüder Dassler Schuhfabrik).
Vivían en Herzogenaurach, un pueblo de Baviera tan pequeño, incluso hoy, que no llega a los veinticinco mil habitantes. Los impulsaba un motivo secreto: la mala calidad de las botas que habían portado (y sufrido) durante la guerra.
Los impulsaba, también, cuestiones de herencia (las mismas que sufrirían sus hijos y nietos): Christoph, el padre de ambos, trabajaba en una fábrica de zapatos. En esa época, las costuras se hacían a mano en un trabajo artesanal, preciso, alemán. Producían zapatillas y pantuflas. Nadie imaginaba que terminarían acaparando gran parte de la industria del calzado a nivel mundial.
Dicen que ambos hermanos funcionaban como un equipo perfecto. Adi, el introvertido, le ponía a la empresa la parte creativaRudolf era un experto en ventas y relaciones públicas. Con la llegada del nazismo, pudieron colocar sus productos en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. La economía del país repuntaba y para la idea de “raza superior”, el deporte era un bien fundamental. Y los deportistas necesitaban zapatillas. Muchas zapatillas.
El primer gran éxito que obtuvieron los hermanos Dassler llegó a través de un atleta estadounidense: James Jesse Owen, que voló en las pistas de Berlín y ganó cuatro medallas olímpicas (100 metros, 200 metros, salto en largo y posta 4x100) con el calzado fabricado por Adi y Rudolf. Pero resulta que el muchacho era negro y eso no le cayó nada bien a la cúpula.
Después llegó la Segunda Guerra Mundial y las cosas cambiaron. Hitler había dispuesto que la fábrica de los Dassler, entre otras, dejara de producir zapatillas y pantuflas para empezar a producir chalecos, uniformes, tanques, balas y lanzamisiles.


A pesar de que ambos hermanos eran nazis declarados, la guerra los llevó a tomar caminos distintos. Adi se negó a unirse al Ejército. Rudolf se sumó a las tropas destinadas en Glauchau, Sajonia, y desde allí envió una carta a su hermano en la que intentó convencerlo de cerrar la fábrica y alistarse. Ya no eran tiempos de zapatillas, eran tiempos de balas, pero su hermano desoyó la advertencia y dejó la fábrica tal como estaba.
El pueblo mismo donde vivían se dividió: o eras “puma” o eras “adidas”, no había término medio. Hasta los hijos de cada familia iban al colegio en distintos autobuses escolares.

LA BATALLA FAMILIAR

Rudolf vivió en carne propia las miserias de la guerra: fue separado de su familia (estaba casado y tenía hijos), fue marginado de la gerencia de la fábrica, fue enviado a Polonia y una helada mañana vio avanzar a los rusos, predijo que era el fin y quiso volverse a Alemania, pero en el camino fue interceptado por los aliados y enviado a un campo de prisioneros.
Ese fue el fin formal de la relación fraternal. Ya nada volvería a ser como antes. Rudolf volvió a su casa, pero le negó el saludo a Adi. Una mañana, los hermanos reunieron a los empleados de la fábrica, les comunicaron su intención de separarse y les dieron a elegir con qué jefe se quedarían de ahí en más.
La mayoría, casi todos, eligieron a Adolf; sólo trece partieron con Rudolf, que se los llevó por un puente hasta el otro lado del río que divide Herzogenaurach, a solo 500 metros de la fábrica de Adi. Nunca más volverían a hablarse.
Rudolf llamó Puma a su nueva empresa: así era como le decían sus amigos en sus tiempos de deportista, por su fiereza y su habilidad. Adolf, a partir de su sobrenombre, llamó a la suya Adidas. Sería el comienzo de una larga contienda.
El pueblo mismo quedó separado por los hermanos. Eras “puma” o eras “adidas”, no había un término medio. Del lado de Puma, los negocios (las carnicerías, las panaderías, las tiendas de ropa) se llamaban Puma; lo mismo del otro lado. Había un equipo de fútbol de cada lado de la grieta. Los hijos de cada familia iban al colegio en distintos autobuses escolares y, si se acercaban al instituto al mismo tiempo, se ponían a correr para llegar primeros. Un habitante del lado de Puma no era bien visto del lado de Adidas, y las relaciones amorosas tampoco.

VIDEO



FUENTE:
https://www.facebook.com/photo/?fbid=5430978427023062&set=pcb.10160165913614173
https://www.facebook.com/photo?fbid=5430979417022963&set=pcb.10160165913614173
Crónicas de la Segunda Guerra Mundial y Conflictos Anexos (1931-1945)

Gustavo Roberto Ojeda

































Pedro Pablo Romero Soriano PS

Entradas que pueden interesarte

Sin comentarios