El avión B-29

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El capitán Walter "Waddy" Young y su tripulación posan frente a sus caricaturas en su B-29 Superfortress "El vagón de Waddy", 24 de noviembre de 1944, Saipan. El bombardero y todos sus tripulantes murieron sobre Tokyo, el 9 de enero de 1945, al chocar contra otro B 29



Esta es la tripulación del B-29 Superfortress 42-24598 "Waddy's Wagon", 20th Air Force, 73rd Bomb Wing, 497th Bomb Group, 869th Bomb Squadron, con el personal de tierra, el artista de la pintura del morro y la mascota del cachorro, que también se incluyó en la obra de arte.
El capitán Young había jugado fútbol americano durante dos años profesionalmente en la NFL y había jugado en el primer partido televisado de la liga con los ahora desaparecidos Brooklyn Dodgers. Abandonó voluntariamente su carrera en la NFL para volar con las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos. Fue enviado rápidamente al este, sirviendo como patrulla antisubmarina en Nueva York, Terranova y Gran Bretaña, pilotando un B-24 Liberator en el Teatro de Operaciones Europeo. Después de 9.000 horas de vuelo, había completado su umbral de 25 misiones de combate, lo que le permitió ser enviado a casa. El Capitán Young inmediatamente se ofreció como voluntario para regresar al combate y fue reasignado al Teatro Pacífico en el nuevo Programa B-29, y terminó como capitán estacionado en las Islas Marianas.
El 9 de enero de 1945, mientras realizaba una salida para bombardear la fábrica de motores de aviones Nakajima en Tokio, el avión adyacente a "Waddy's Wagon" (identificado como "Miss Behaving", pilotado por el primer teniente Ben Crowell) fue embestido por un caza Kamikaze japonés. El capitán Young y su piloto, el segundo teniente Robert M. Philips (Jake 'tomaron la decisión de llevar a cabo su misión independientemente, a pesar del intenso fuego antiaéreo y la amenaza Kamikaze. El segundo teniente Philips estaba en su primera misión a bordo de "Waddy's Wagon", sentado como piloto de reemplazo temporal del teniente Jake H. Vetters (visto en la foto).
"Waddy's Wagon" continuó llevando a cabo su misión, bombardeando la fábrica y dando media vuelta para ayudar al B-29 herido que había sido embestido anteriormente por el Kamikaze. "Waddy's Wagon" fue visto por última vez descendiendo a las nubes bajo un intenso fuego para proporcionar cobertura a la tripulación de bombarderos de "Miss Behaving". En su último acto, se les observó dejar caer sus señales sobre "Miss Behaving" mientras se estrellaba para marcarlo para los rescatistas. ¡"Waddy's Wagon" nunca se volvió a ver!
Se presume que “Waddy's Wagon” fue derribado o embestido por un kamikaze después de que fueron vistos por última vez a 16 kilómetros de Choshi Point, Japón.
El B-29 y la tripulación se perdieron en el mar y nunca se recuperaron.
La tripulación de "Waddy's Wagon" el 9 de enero de 1945:
Capitán Walter R. “Waddy” Young - Piloto de comando, O-382584 Ponca City, Oklahoma.
Teniente segundo Robert M. Phillips - Piloto, O-806902 Knoxville, Tennessee.
Segundo teniente Paul R. “Gat” Garrison, Jr. - Navegador, O-698695 Lancaster, Pensilvania.
Teniente segundo John F. Ellis - Bombardier, O-685457 Moberly, Missouri.
Segundo teniente Bernard S. “Bunny” Black - Ingeniero de vuelo, O-866285 Woodhaven, Nueva York.
Sargento. George E. “Sparks” Avon - Operador de radio, 32936470 Syracuse, Nueva York.
Sargento. Kenneth M. “Windy” Mansir - Operador de radar, 11097819 Randolph, Missouri.
Sargento. Lawrence L. "Lucky" Lee - Control central de incendios, 37252164 Max, Dakota del Norte.
Sargento. Wilbur J. “Sleepy” Chapman - Artillero derecho, 38606304 Panhandle, Texas.
Sargento. Corbett L. Carnegie - Artillero izquierdo, 12214591 Grindstone Island, Nueva York.
Sargento. Joseph J. Gatto - Tail Gunner, 12024315 Falconer, Nueva York.
Young fue admitido póstumamente en el College Football Hall of Fame en 1986 y recibió el premio Robert Kalsu Freedom Award, presentado por el Oklahoma Sports Hall of Fame, en 2007. El capítulo Silver Wings del ROTC de la Fuerza Aérea de la Universidad de Oklahoma recibe su nombre en honor de Waddy Young.
Todos los héroes - ¡RIP!
Foto: Fold3.
Texto principal del cuerpo: Fireforce Ventures.
Reparación y coloración de imágenes - Nathan Howland @HowdiColourWorks.


Superfortalezas B-29 

"Superfortalezas" B-29 sobre Japón

Un bombardero Boeing B-29 Superfortress arde furiosamente después de un aterrizaje de emergencia en Iwo Jima, el 9 de julio de 1945, mientras el personal contraincendios intentan apagar las llamas

Este es el B-29 Superfortress que aparece en la enciclopedia "La II Guerra Mundial" de la editorial SARPE

El primer avión B-29 estadounidense que sobrevoló Tokio realizó una misión de reconocimiento fotográfico, el 1 de noviembre de 1944. Le siguieron, el 24 del mismo mes, ciento once bombarderos. Volaron a 800 metros de altura, hasta hallarse a unos cuatrocientos kilómetros de Japón, y entonces se elevaron a 9000 metros, para el bombardeo. Tanto la navegación como la puntería fueron deficientes. A lo largo del invierno de 1944, solo el 2 por 100 de los aviones atacantes soltó su carga en un radio de menos de trescientos metros de los objetivos. Sin embargo, esto era solo el inicio.
En marzo de 1945, los altos mandos de las USAAF estaban obsesionados con la idea de que era urgente que los vieran asestar un golpe decisivo con los B-29. “Debemos pensar en la fuerza aérea que tendrá este país después de la guerra, tanto como en la que tenemos ahora”, escribió un destacado oficial de la fuerza aérea a George Kenney, jefe de la sección aérea de MacArthur. La gente de la fuerza aérea quería justificar los onerosos presupuestos destinados al programa de los B-29, para demostrar el poder de una fuerza aérea estratégica independiente, antes de que la Marina y la fuerza Terrestre completaran la derrota de Japón. La dirección de las USAAF estaba casi tan traumatizada con los fracasos de los seis primeros meses del operativo B-29, como la RAF en 1941, por la ineficacia de sus bombardeos de precisión contra Alemania.
Las incursiones aéreas que, de forma esporádica, precedieron a la del 9 de marzo, habían movido a las autoridades municipales de Tokio a evacuar a cerca de 1,7 millones de personas de la ciudad al campo; casi todas ellas, niños y mujeres. En aquella noche fatídica para la civilidad de la capital japonesa, había aún seis millones de personas en la ciudad. En aquella terrorífica visita 334 aviones estadounidenses Boeing-29 lanzaron 1.700 toneladas de bombas incendiarias napalm M69 sobre el centro de la capital nipona.



Luego del feroz bombardeo del 9 de marzo, George Beck, artillero de un B-29, escribió en su diario, tras aterrizar de nuevo en las Marianas el 10 de marzo: “Una misión inolvidable... el oficial al mando de la escuadrilla afirmó que habíamos puesto en marcha una nueva fase de la guerra, en la que reduciríamos a cenizas todas las ciudades principales de Japón...”. El ataque de los bombarderos estadounidenses contra Tokio, aquel 9 de marzo de 1945, mató a cerca de cien mil personas y destruyó los hogares de otro millón de tokiotas. Se asolaron más de cuatro mil hectáreas de edificios: más de cuarenta kilómetros cuadrados de una ciudad de ciento sesenta, aproximadamente. Quedaron borrados del mapa un centenar de los parques de bomberos de la ciudad (de un total de 287) y otro centenar de instalaciones médicas (de 250). En las semanas posteriores, el XX Comando de Bombardeo lanzó una sucesión de incursiones adicionales, concebidas para lograr este mismo resultado en otras zonas. El 11 de marzo, los B-29 asaltaron Nagoya, la tercera ciudad de Japón. Aquí, los daños fueron mucho menores, pues no sopló el viento que había dado alas a los incendios de la capital: solo ardieron unos cinco kilómetros cuadrados.
El 13 de marzo, la víctima fue Osaka, que sufrió mucho más que Nagoya. Tres mil personas perdieron la vida; se destruyeron veinte kilómetros cuadrados de edificios; medio millón de habitantes queda ron sin hogar; y todo ello, con la pérdida de tan solo dos aviones estadounidenses y daños en otros trece aparatos. El 16 de marzo fue el turno de Kobe, con una población de un millón de personas. El bombardeo asoló casi ocho kilómetros cuadrados, mató a ocho mil personas y arrasó los hogares de dos terceras partes de los kobenses. En el bando estadounidense, hubo que lamentar la pérdida de tres aviones y daños en otros once, todo ello como resultado de problemas operativos, no de la acción enemiga.
Tras realizar cinco misiones como aquellas en una quincena, fue necesario realizar una parada temporal en aquellos “trabajos de quema”. El personal, de tierra y de aire, estaba exhausto; empezaban a agotarse las existencias de bombas incendiarias. Ahora bien, la moral del mando de LeMay se había elevado sobremanera. En solo cinco operaciones, habían causado en Japón ocho veces los daños causados por el famoso terremoto de San Francisco, de 1906. Las ciudades japonesas habían padecido, en solo unos pocos días, una escala de destrucción que, en Alemania, habría requerido mucho más tiempo, porque los edificios japoneses ardían con mucha más facilidad.
Gracias a los informes enviados por el personal de Tokio, la inteligencia naval soviética pudo llegar a esta valoración: “El bombardeo frecuente y, particularmente, los ataques nocturnos, han causado un impacto muy poderoso en la moral de los civiles japoneses. El agotamiento, la falta de sueño y la tensión generalizada han derivado en un absentismo en gran escala, que ya afecta a la producción bélica y está sembrando la inquietud en los círculos del Gobierno japonés”

Repostaje de combustible de un Boeing B-29 de la USAAF en Saipán



FUENTES:
https://www.facebook.com/photo/?fbid=460783319387167&set=a.131347705664065

Vientos de Guerra: Segunda Guerra Mundial

Fuente: “Némesis: La Derrota del Japón 1944 – 1945” de Max Hastings (2007)























 




Pedro Pablo Romero Soriano PS

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