En la fotografía coloreada, Sherman Ic Firefly y otros vehículos en el pueblo de Putanges, Normandía. 19/20 de agosto de 1944
El teniente Peter Beale, que sirvió con los tanques Churchill del 9° Real Regimiento de Tanques en Túnez pensaba que “las tripulaciones de carros a los que se había enviado a la batalla frente a los Tiger, fueron mandados al matadero” Se habían tomado decisiones que veían que la cantidad era de por sí un elemento de calidad. Bernard Montgomery había decidido que “el 75 mm es todo lo que necesitamos”, y eso quería decir aceptar las prioridades de producción que se derivaban de esa decisión. La correspondencia con el Vice Jefe del Estado Mayor General en agosto de aquel año reveló que se había abierto una brecha tecnológica entre los cañones de ambos bandos. “Estamos muy retrasados con respecto a los alemanes en este aspecto”, admitió. “El enemigo puede disparar a nuestros carros desde distancias desde las que es imposible contestar con alguna posibilidad de éxito”. Su sugerencia fue romper con las prácticas del pasado; previamente, escribió, habíamos intentado encajar el cañón dentro del tanque. “En lugar de esto, deberíamos elegir un cañón y construir el tanque en función de aquel”. No había apenas tiempo de hacer nada al respecto antes de la invasión de Europa. Se propuso una solución provisional: mejorar el armamento de un pequeño porcentaje de carros Sherman con el recientemente desarrollado cañón de 17 libras [76,2 mm].
Los denominados “Firefly” solo podían ser producidos a razón de uno por cada compañía de carros de los regimientos blindados de Sherman. El resto tendría que combatir con lo que había disponible. Bert Foord, del departamento de diseño británico de carros de Wood Lee, describió la azarosa gestación de encajar un cañón mejor en la torreta de Sherman ya existente. En 1943 se habían llevado a cabo mejoras graduales en la cadena de diseño, cuando se estableció un departamento de diseño de chasis de carros en Chobham y otro para suspensiones y cadenas. Se probaron planchas de blindaje y los expertos en electrónica recibieron la tarea de diseñar instrumental eléctrico y de giro. “Mientras estaba en Wood Lee, recibimos un Sherman junto al encargo de ponerle un cañón de 17 libras”, recordaba Foord. Se diseñó una cureña para el cañón, pero necesitaba conseguir los tubos de acero que estimaba necesarios para el sistema de retroceso. El diseño de carros todavía funcionaba como un pequeño taller o con una “forma de hacer las cosas más propia de un pequeño taller”, explicaba Foord.
Había una mina de estaño en una pequeña finca de Cornualles que “experimentaba con temas de hidráulica”, y tenia los tubos de acero necesarios. “Subí a mi coche y conseguí algunos», recordó Foord, “se los envié al taller, al coronel Stacey, quien prefabricó una cureña” para encajar el cañón. Ahora hacía falta una máquina especializada para abrir los portalones. Se localizó una “máquina disponible” al otro lado de Kingston, cerca de Chessington, por lo que “tres de nosotros fuimos y la compramos rápidamente”. Después de cortados los portalones y ensamblada la cureña del nuevo cañón, “se lo llevaron al campo de pruebas y dispararon el primer tiro, haciendo temblar las ventanas de todos”.
El cañón de 17 libras era, posiblemente, el más efectivo cañón de carro de alta velocidad en el teatro occidental durante la Segunda Guerra Mundial, y el tanque en el que iba montado era producido sobre una cajetilla de cigarrillos. Su azarosa producción ponía de relieve las dicotomías del diseño británico de carros, en las que el ingenio pragmático superaba a la inercia burocrática. Foord describió los extraños métodos empleados a veces en el diseño de la torreta, como cuando, por ejemplo, “los tipos más altos y pequeños fueron traídos de la escuela de blindados para poner a prueba los compartimentos de la tripulación”. Pese a todo, funcionaba. Se produjeron suficientes “Firefly” para sostener la diferencia tecnológica en Normandía, donde las tripulaciones aliadas se vieron sometidas al golpe tecnológico de enfrentarse a los nuevos Panzer. Los americanos, obstaculizados por sus propias decisiones respecto al desarrollo, no tenían nada que pudiera enfrentarse efectivamente a los pesados carros alemanes.
FUENTES:
https://www.facebook.com/historiasgm/photos/a.105107930962361/608407733965709/
Historia de la Segunda Guerra Mundial
Pál Maléter
Fuente: “Tank Men: Historia Humana de los Tanques en la Guerra” de Robert Kershaw
Pedro Pablo Romero Soriano PS




