En la imagen; Secretaria personal de Adolf Hitler, Gertraud (Traudl) Humps (Gertraud "Traudl" Humps, 1920-2002 de soltera Humps) en la terraza de la residencia Berghof en Obersalzberg. Alemania, Baviera, 1943
Gertraud “Traudl” Junge ingresó a la cancillería alemana y compartió las horas finales de Hitler, Eva Braun y Joseph Goebbels en el búnker durante el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Junge tenía 22 años cuando por una recomendación de una pariente de Martin Bormann, el oficial quizás más poderoso del Tercer Reich, se convirtió en secretaria de la cancillería alemana. Sus dotes literarios llamaron la atención de Adolf Hitler quien la tomó como asistente privada. Era un sueño convertido en realidad para la joven Traudl -como la apodaban-, que se había criado en un hogar afín al partido NSDAP.
Aunque Traudl nunca se afilió al partido, la idealizada imagen de Hitler fue calando en su interior
Su padre, Max Humps, fue uno de los partícipes de Putsch de Múnich, y Gertraud se inscribió a temprana edad en la Liga de Muchachas Alemanas (abreviado BDM), una rama de las Juventudes Hitlerianas, presidida por Trude Mohr quien proponía que sus seguidoras debían formar una “generación libre de toda emoción sentimental y entusiasta de una femineidad claramente definida”. En esta época quería ser bailarina y por eso se trasladó a Berlín, donde se casó con Hans Junge, oficial de la SS que trabajaba en la cancillería.
La vida de Traudl tuvo un vuelco dramático cuando en 1944, ante la inminente llegada de las fuerzas aliadas a Berlín, Hitler se trasladó con toda su comitiva al bunker construido bajo la cancillería. Allí Traudl y Gerda Christian -la otra secretaria, casada con un oficial de la Luftwaffe- convivieron con Eva Braun, Joseph Goebbels, su esposa Magda y sus cinco hijos, además de Otto Günsche (edecán del Führer), Erich Kempka (chofer personal de Hitler) y el todopoderoso Martin Bormann, el hombre que manejaba los fondos secretos del partido.
Traudl se sintió integrada al grupo y trabajaba cómodamente con devoción por su jefe, por quien sentía fascinación por ser un “hombre agradable y amigo personal”, además de sentir un afecto especial por Eva Braun.
Los meses que trabajó para Hitler fueron cuando menos extraños. Aquel era un universo cerrado en el que resultaba tan difícil entrar como salir y que, a medida que las armas germanas retrocedían, fue aislándose cada vez más del mundo exterior.
Traudl fue bien aceptada por sus compañeras y también por Hitler, que solía ser amable y solícito con los miembros de su servicio personal. Traudl se sintió pronto integrada, y se reforzó en ella la imagen positiva del Führer: “Me sentí fascinada por Adolf Hitler, era un jefe agradable y un amigo paternal”.
Su servicio se desarrolló básicamente entre Berlín y el Berghof, la residencia estival de Hitler cerca de Berchtesgaden, en los Alpes bávaros. Pronto conoció al apuesto ayudante de campo del Führer, el SS-Obersturmführer Hans Hermann Junge, con el que se casó el 19 de junio de 1943. El matrimonio sería de corta duración. El avión en el que viajaba Junge en labores de observación fue abatido en el frente de Normandía en agosto del año siguiente.
En cualquier caso, Sra. Junge se fue adaptando a los horarios, situaciones y personajes de su entorno. Trabó una sincera amistad con Eva Braun , la amante y futura esposa de Hitler. Pero Traudl nunca cuestionó lo que ocurría a su alrededor, pese a que algunas de las dramáticas medidas tomadas era ella misma quien las transcribía.
A comienzos de 1945, cuando la guerra estaba ya decidida, Hitler le pidió a su equipo de oficina que dejaran Berlín, antes que llegaran los soviéticos. En el último momento redactó el testamento político de Hitler y, una vez que éste y otros habitantes del búnker se suicidaron, salió al exterior en compañía de Otto Günsche, asesor personal de Hitler, Erich Kempka y Martin Bormann, secretario personal del führer. Su intención era escapar de los rusos, aunque finalmente fue capturada por éstos y posteriormente entregada a los estadounidenses, quienes la pusieron en libertad en 1947. El 30 de abril, Junge almorzó con Hitler por última vez.
Fue testigo cuando su jefe envenenó a Blondi, su perra alsaciana, con una cápsula de cianuro. Dos horas antes que Hitler se quitara la vida, Junge se encontró a solas con él, en la sala de conferencias, donde tomó el dictado de sus últimos deseos. Cuando Traudl logró escapar de la Cancillería, fue arrestada por los soviéticos siendo deportada a Siberia. Gracias a un intérprete armenio, fue tratada con algo de consideración. Fue regresada a Munich, donde fue interrogada durante tres semanas por los estadounidenses, según el diario "Frankfurter Allgemeine Zeitung", en 1947 fue "desnazificada" como se hacía con los jóvenes, convirtiéndolos en "accesorios juveniles." Más tarde, después de extensos interrogatorios, paso otros 6 meses de su vida en prisión, para finalmente ser liberada.
Kempka, Günsche, Bormann y su compañera Gerda huyeron del bunker con ella, pero el destino los separó en una ciudad caótica como lo era esa Berlín, tomada por soviéticos ansiosos de vengar las barbaridades cometidas por los alemanes en su país. Bormann fue asesinado, Gerda violada por los soldados rusos -como ocurrió con otras 2 millones de mujeres alemanas-, y Günsche capturado por los soviéticos, mientras que Kempka pudo huir, hasta caer en manos de los estadounidenses. Con el tiempo publicaría un libro, llamado "Yo quemé a Hitler".
Traudl tuvo más suerte y después de un tiempo detenida fue liberada e intentó rehacer su vida trabajando como periodista y escritora. En varias oportunidades describió su relación cercana con Hitler y aseguró no saber nada sobre las atrocidades que cometió en pos de la supuesta pureza racial.
Volcó sus memorias de esos días en un libro llamado "Hasta el último momento", texto que sirvió como argumento de la película La caída (Der Untergang), de Oliver Hirschbiegel. “Ahora que he contado mi historia, puedo continuar con mi vida”, dijo en 2002 Traudl Junge antes de morir a los 81 años.
La catarsis liberadora la llevó a cabo poco antes de su muerte, provocada por un cáncer de pulmón. En compañía de la periodista austríaca Melissa Müller, abrió el cajón de sus recuerdos y puso en orden aquellas viejas cuartillas, que publicaría en 2001 con el título "Hasta el último momento". Las completó con el documental El ángulo muerto (2002), de Othmar Schmiderer y André Heller, en el que vertió consideraciones y sentimientos.
En paz con su pasado y consigo misma, Traudl Junge murió en Berlín el 11 de febrero de 2002.
FUENTES:
Historia de la Segunda Guerra Mundial
-Hasta la hora final: La última secretaria de Hitler de Traudl Junge. 2002.
-Ocho días de mayo De la muerte de Hitler al final del Tercer Reich
De Volker Ullrich · 2023
Pedro Pablo Romero Soriano PS


