En la imagen; 4 de junio de 1944. El general del 5º Ejército estadounidense Mark Clark habla con el clérigo monseñor Hugh O'Flaherty en la plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano, Roma
Los días 4 y 5 de junio de 1944, las tropas aliadas entraron en Roma, superando las defensas alemanas y alcanzando finalmente el centro de la ciudad. La liberación de la ciudad se logró sin destrucción generalizada y fue recibida con gran alegría por sus habitantes.
En la madrugada del 4 de junio de 1944, las tropas aliadas, comandadas por el general Mark W. Clark al frente del Quinto Ejército estadounidense, iniciaron la ofensiva final hacia Roma. Después de semanas de intensos combates a lo largo de la Línea Gustav y, más tarde, la Línea Hitler (rebautizada Línea Senger), las defensas alemanas al sur de la capital italiana comenzaban a desmoronarse.
El mariscal de campo Albert Kesselring, al mando de las fuerzas alemanas en Italia, se enfrentaba a una situación insostenible. Aunque sus unidades aún ofrecían resistencia organizada, la presión combinada de las fuerzas aliadas avanzando desde el sur —tras la sangrienta ruptura en Monte Cassino— y el empuje desde la cabeza de playa de Anzio obligaron a los alemanes a replegarse hacia el norte, abandonando la ciudad para evitar su destrucción y evitar un cerco.
Durante el 4 de junio, columnas del II Cuerpo estadounidense, encabezadas por unidades blindadas y de infantería, se aproximaron a los suburbios romanos. Los alemanes habían evacuado la mayor parte de sus tropas durante la noche, conservando únicamente fuerzas de retaguardia para ralentizar el avance aliado. En el atardecer de ese mismo día, elementos del 3.º Batallón del 351.º Regimiento de Infantería, perteneciente a la 88.ª División del Ejército de EE. UU., penetraron por el sur en la ciudad de Roma. Casi simultáneamente, unidades del Cuerpo Expedicionario Francés y de otras divisiones aliadas entraban por distintos sectores.
Al amanecer del 5 de junio de 1944, la bandera estadounidense ondeaba en puntos clave de la capital. Las fuerzas aliadas tomaban el control del centro de la ciudad sin hallar resistencia significativa. Roma, tras nueve meses de ocupación alemana, estaba libre.
A diferencia de otras ciudades liberadas en Europa, Roma no sufrió una devastación generalizada. La decisión alemana de evacuar sin combatir calle por calle y la entrada relativamente ordenada de las tropas aliadas preservaron gran parte del patrimonio histórico de la ciudad eterna. Los ciudadanos romanos salieron a las calles para recibir a los soldados con vítores, flores y muestras de alivio tras meses de penuria, represión y bombardeos.
La liberación de Roma fue un momento de gran simbolismo político y militar. Era la primera capital del Eje que caía en manos aliadas. Sin embargo, su impacto quedó parcialmente eclipsado por los preparativos del inminente desembarco en Normandía, que tendría lugar apenas 24 horas después, el 6 de junio.
No obstante, la campaña italiana continuaría por muchos meses más. Las fuerzas alemanas se retiraron hacia la Línea Gótica en el norte del país, desde donde seguirían resistiendo hasta la primavera de 1945.
La toma de Roma fue una victoria estratégica y moral. Representó el fruto de una costosa y prolongada campaña, en la que soldados de múltiples naciones —estadounidenses, británicos, canadienses, franceses, polacos, brasileños e italianos antifascistas— contribuyeron al desmantelamiento del poderío alemán en el sur de Europa.
FUENTES:
Historia de la Segunda Guerra Mundial
Fuentes;
-Atkinson, Rick. The Day of Battle: La guerra en Sicilia e Italia, 1943-1944, 2007.
-Hastings, Max. All Hell Let Loose: The World at War 1939–1945. 2011.
-Blumenson, Martin. Salerno to Cassino. (United States Army in World War II: The Mediterranean Theater of Operations). Oficina del Jefe de Historia Militar, Departamento del Ejército, 1969.
-Keegan, John. The Second World War. 1990.
Pedro Pablo Romero Soriano PS
