La Batalla de Kursk

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En la imagen; Unión Soviética, cerca de Pokrovka.- "Operación Ciudadela".- Soldados exhaustos durante un descanso en el combate. Junio ​​- julio de 1943


Al atardecer del 12 de julio se quebró la ofensiva de la Wehrmacht a Kursk desde el sur. Los intentos de proseguir solo fueron locales. Sin alcanzar su objetivo el Grupo de Ejércitos Sur empezó a replegarse. Las tropas soviéticas lo fueron persiguiendo y al caer el sol el 23 de julio retornaron a las posiciones que ocuparan antes del inicio de Ciudadela.
La Batalla de Kursk es uno de los episodios de la guerra en el Frente Oriental que más bibliografía ha generado desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Ha producido muchos más libros que la mucho más importante Batalla de Moscú, y me atrevería a decir que tantos o más que la también más importante Batalla de Stalingrado. Este torrente literario sobre la Batalla de Kursk provocó un sin fin de mitos y leyendas que sólo comenzaron a desmontarse en los últimos veinte años. 
La Batalla de Kursk, desarrollada entre el 5 de julio y el 23 de agosto de 1943, representa uno de los enfrentamientos militares más significativos del siglo XX. Conocida por haber sido el mayor combate de tanques de la historia, esta batalla enfrentó a la Wehrmacht alemana y al Ejército Rojo soviético en un momento crítico del conflicto en el Frente Oriental. El resultado no sólo selló el fracaso definitivo de la iniciativa ofensiva alemana en el Este, sino que también consolidó el dominio estratégico soviético, que se mantendría hasta el final de la guerra. Este post busca analizar si Kursk constituyó, efectivamente, el punto de inflexión decisivo de la Segunda Guerra Mundial.

Tras la catastrófica derrota alemana en Stalingrado a principios de 1943, Adolf Hitler buscaba restaurar la iniciativa mediante una ofensiva limitada pero ambiciosa: la Operación Ciudadela (Unternehmen Zitadelle). El objetivo era eliminar el saliente soviético de Kursk, una protuberancia en el frente que permitía una ofensiva en pinza desde el norte (Grupo de Ejércitos Centro) y el sur (Grupo de Ejércitos Sur). Sin embargo, esta ofensiva fue planeada con retrasos, lo que permitió al mando soviético, bajo la dirección de Gueorgui Zhúkov, preparar un extenso sistema defensivo y acumular fuerzas para una eventual contraofensiva.
La ofensiva alemana comenzó el 5 de julio con un ataque masivo sobre las posiciones soviéticas. El combate fue extremadamente encarnizado, con la célebre batalla de Prokhorovka, el 12 de julio, marcando un punto álgido. En esta confrontación, la fuerza blindada soviética del Frente de Vorónezh enfrentó al II Cuerpo de las SS Panzer, en un choque que terminó sin victoria táctica clara pero con un alto costo para los alemanes.

A pesar de algunos avances iniciales, la ofensiva alemana se estancó rápidamente debido a la resistencia soviética, la profundidad de las defensas y las extensas líneas de minas antitanques. El 13 de julio, Hitler ordenó el cese de la operación, parcialmente motivado por el desembarco aliado en Sicilia. Inmediatamente después, los soviéticos lanzaron las operaciones Kutúzov (contra Orel) y Rumyántsev (hacia Bélgorod y Járkov), lo que les permitió pasar a la ofensiva y mantenerla de forma sostenida por el resto de la guerra.
Kursk tuvo implicaciones profundas. Fue la última vez que Alemania intentó una ofensiva estratégica en el Frente Oriental. Las pérdidas materiales —especialmente en tanques y aviación— no pudieron ser reemplazadas con la misma eficiencia que las soviéticas, reflejando el desequilibrio industrial entre ambas potencias.
Además, la victoria soviética en Kursk consolidó un cambio de paradigma: a partir de entonces, el Ejército Rojo tomó la iniciativa estratégica y la mantuvo hasta la toma de Berlín en mayo de 1945. Por su parte, la Wehrmacht quedó relegada a una posición defensiva, lo que debilitó su capacidad de respuesta frente a la inminente apertura del Frente Occidental en junio de 1944.
Aunque muchos historiadores coinciden en la relevancia de Kursk, existen divergencias sobre su estatus como el momento decisivo de la guerra. Algunos, como Antony Beevor, consideran que la verdadera inflexión ocurrió en Stalingrado, al quebrarse por primera vez un ejército alemán completo. Otros, como David Glantz, argumentan que Kursk fue más trascendental por sus consecuencias a largo plazo, al eliminar definitivamente la capacidad ofensiva alemana.
También existen perspectivas que ponen el foco en el impacto del desembarco en Normandía (junio de 1944) como el golpe definitivo a la estructura estratégica alemana, al obligarla a combatir en dos frentes activos. Sin embargo, desde una perspectiva centrada en el Frente Oriental —donde se libró la mayoría del conflicto europeo—, la Batalla de Kursk aparece como el punto de inflexión más claro en términos operacionales, logísticos y morales.
Sin embargo, desde una visión centrada en el teatro oriental —donde se libró más del 80% de los combates en Europa—, Kursk aparece como el punto de no retorno, a partir del cual la derrota alemana se volvió cuestión de tiempo.
Con toda esta información en mente y disponible hoy en dia, no es difícil concluir que la Batalla de Kursk (operaciones Ciudadela, Kutuzov y Rumiantsev) no resultó en una carnicería de las fuerzas alemanas como se recogió en las historiografías soviética y occidental clásicas, y se sigue recogiendo hoy en día pese a todo el trabajo académico que ha desmontado ese mito en base al estado de la investigación actual. Es cierto, no obstante, que la Batalla de Kursk fue ganada por los soviéticos, pero fue el paradigma de una victoria pírrica. Sus pérdidas fueron espeluznantes.
El total de bajas alemanas en dicha batalla sumó en torno a 170.000 muertos, heridos y desaparecidos, mientras que en tanques se puede estimar que no se superaron 800 tanques destruidos. Estas cifras desmontan por completo el mito que pinta la Batalla de Kursk como el momento decisivo de la guerra y el quebrantamiento del blindaje alemán.
En el conjunto de la Batalla por Kursk, el Ejército Rojo sufrió un total de 255.000 pérdidas de personal irrecuperables (esto es, muertos, desaparecidos y prisioneros de guerra), en el siguiente contexto de fuerzas empleadas-pérdidas:
-Fase defensiva (Ciudadela): 1.273.000 tropas/70.000 pérdidas.
-Kutuzov: 1.288.000 tropas/113.000 pérdidas.
-Rumiantsev: 1.144.000 tropas/72.000 pérdidas

Vemos, pues, que Kursk estuvo muy lejos de ser el momento decisivo de la Segunda Guerra Mundial, en general, o de la guerra en el Frente Oriental, en particular. En este último caso, la Batalla por Kursk no resiste comparación con la Batalla por Moscú, cuyas consecuencias estratégicas fueron fatales para los alemanes.
La Operación Ciudadela no tuvo ningún objetivo estratégico de consideración, y fue simplemente una operación ofensiva limitada dentro del contexto de la estrategia defensiva alemana. En otras palabras, fue una operación ofensiva limitada de naturaleza estratégica defensiva. Schreiber vio Ciudadela como una “operación improvisada carente de cualquier objetivo estratégico”. Frieser escribió sobre la Batalla de Kursk: “En el estado actual de la investigación, parece aberrante considerar la batalla de Kursk como la batalla decisiva de la segunda guerra mundial, ya que en ese momento el resultado de la guerra ya estaba decidido desde hacía mucho tiempo”.En el verano de 1943, antes de Ciudadela, los alemanes tenían la guerra completamente perdida.
La Batalla de Kursk no sólo marcó el fracaso final de las ofensivas estratégicas alemanas en el Este, sino que también consagró el modelo de guerra soviético basado en la defensa en profundidad, la superioridad numérica y la movilización industrial. Si bien puede debatirse si fue el momento decisivo de la Segunda Guerra Mundial, su impacto estratégico fue indudablemente determinante. Desde Kursk, la marea del conflicto giró definitivamente a favor de la Unión Soviética, iniciándose una ofensiva ininterrumpida que no cesaría hasta la caída de Berlín.

En la imagen; Un Pzkpfw VI Ausf. E «Tigre» de producción temprana en acción, Frente Oriental, en algún lugar del saliente de Kursk durante la Operación Zitadelle, julio de 1943. La Batalla de Kursk simboliza la transición definitiva entre dos fases de la Segunda Guerra Mundial en el Frente Oriental: de una guerra móvil dominada por la iniciativa alemana a una guerra de desgaste y avance constante protagonizada por la Unión Soviética. El enfrentamiento no sólo fue una colosal demostración de fuerza industrial y militar, sino también un punto de inflexión psicológico que minó la confianza del alto mando alemán y elevó la moral soviética.
Más allá de su dimensión operativa, Kursk representa la culminación de un proceso: el Ejército Rojo, que en 1941 había luchado por sobrevivir, emergía en 1943 como una fuerza ofensiva madura, capaz de planificar y ejecutar operaciones a gran escala con eficacia. A partir de entonces, la dinámica del conflicto cambió de forma irreversible.
El estudio de Kursk, por tanto, no debe limitarse a sus aspectos tácticos o tecnológicos. La batalla encarna una inflexión histórica, en la que confluyen el fracaso de una doctrina militar —la Blitzkrieg— y la afirmación de un nuevo equilibrio de poder en Europa. Como tal, Kursk no sólo fue una gran victoria soviética: fue también el anuncio del inevitable colapso del Tercer Reich



FUENTES:
Historia de la Segunda Guerra Mundial 
-Beevor, A. (2012). La Segunda Guerra Mundial. Crítica.
-Clark, A. (1963). Barbarroja: El conflicto ruso-alemán 1941-45. William Morrow. William Morrow.
-Erickson, J. (1983). The Road to Berlin: Continuing the History of Stalin's War with Germany. Yale University Press.
-Glantz, D. M. (2011). La batalla de Kursk. University Press of Kansas.
-Mawdsley, E. (2005). Thunder in the East: The Nazi-Soviet War 1941-1945. Hodder Arnold.
-Overy, R. (1995). Why the Allies Won. W.W. Norton & Company.
Las principales obras revisionistas basadas en fuentes primarias, rusas o alemanas, fueron los libros de David M. Glantz y Jonathan M. House, The Battle of Kursk (1999); Niklas Zetterling y Anders Frankson, Kursk 1943: A Statistical Analysis (2000); Valery Zamulin, Demolishing the Myth. The Tank Battle at Prokhorovka, Kursk, July 1943: An Operational Narrative (2011, publicada originalmente en ruso en 2005); Karl-Heinz Frieser (2017), The Battle of the Kursk Salient, en Frieser et al, Germany and the Second World War.


 


























Pedro Pablo Romero Soriano PS 

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